ESPAÑA DE AYER, ¿Y DE HOY?

ÓSCAR ROMERO

No es difícil reconocer los esperpénticos comportamientos, corrupciones, corruptelas y menosprecios al genio creativo en la España de hoy y los del esperpéntico vía crucis que pintó Valle-Inclán para dramatizar la última noche del tronante poeta Max Estrella en su recorrido por un Madrid decimonónico reflejado en los espejos cóncavos del Callejón del Gato. La versión adaptada y dirigida por Alfonso Zurro, e interpretada por la compañía de teatro clásico de Sevilla, escenifica también, en formato coral, las deliciosas acotaciones en las que el genial dramaturgo describe, en verso, los espacios escénicos en los que discurren las acciones de la trama. Son un acierto y contrastan con la sobriedad de una docena de grandes prismas rectangulares que van construyendo los espacios físicos y que reflejan el estoico simplismo secular de los extremismos hispanos. La puesta en escena, con un diseño de composición estática y dinámica pleno de belleza plástica y rítmica, desliza anacronismos en algún personaje (en España la mujer no ocupó cargo ministerial en el siglo XIX, ni existían las telenovelas). Buena composición de los personajes, armonizados en un estilo que navega entre un expresionismo de baja intensidad y un realismo enfatizado, en el que se diluye la intensidad del drama político y social de un ayer que se repite y se resiste a cambiar. Como decía Antonio Machado: «El vano ayer, engendrará un mañana vacío y, por ventura, pasajero». Muy buenas interpretaciones dentro del estilo marcado, que denotan la calidad del elenco y su ensamblada coralidad, así como la brillantez de la puesta en escena.

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