Cita en el SUR

España acoge

La ley del mar a veces hace aguas, pero ha aparecido un puerto amigo

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

En un pueblo italiano, al pie de las montañas, vive nuestro amigo Matteo. Matteo Salvini es el ministro del Interior del gobierno italiano y ha cerrado sus puertos a la llegada de migrantes. Salvini quiere salvar las inminentes elecciones, pues su popularidad sube tristemente cada vez que abre la boca y cierra los puertos. Alineado con la ultraderecha francesa y la holandesa, Salvini asegura que la inmigración no es buena para Italia, aunque del euro ya no hablemos pues «es un crimen contra la humanidad». El ministro del Interior italiano no acepta el matrimonio de personas del mismo sexo, como el ministro del Interior español, que está casado con otro hombre. Según la ley del mar, las personas que viajaban en el Aquarius deberían ser desembarcadas en el puerto más próximo. A unas 30 millas se encuentran puertos de Italia y de Malta, pero finalmente serán desembarcados en Valencia, que se encuentra a 700 millas. Hace sólo dos semanas en España había otro gobierno que seguramente no se habría ofrecido a acoger a los migrantes del Aquarius. Juan Ignacio Zoido, el anterior ministro del Interior, había denunciado que el trabajo de las Ongs podrían favorecer la inmigración ilegal. Es obvio que la política de acogida de refugiados debe ser común en todos los países de la UE, pero también lo es que mientras tanto qué. La situación es tan dramática que las más de 600 personas han tenido que ser transportadas a tres barcos para asegurar su salud durante esas 700 millas. A veces depende de muy poco que pertenezcamos a un país que acoge o rechaza personas que buscan un lugar mejor, lo mismo que haríamos muchos de nosotros llegados el caso. Tres bomberos sevillanos fueron juzgados en Grecia por tráfico de personas, tras socorrer inmigrantes. Podían haberles caído hasta 10 años de cárcel, el doble de los que le han caído a Urdangarín, que ha estado estos últimos años lejos del mar, en Ginebra.

La migración es un problema. La presencia de menores no acompañados todavía más. En este barco viajaban más de 100 menores solos. Pero la solución al problema no es cerrar los puertos. El ayuntamiento de Madrid se ha ofrecido para acoger a 100 de estas personas; el de Málaga ya lo hizo en otras ocasiones y confiamos en que siga actuando así. No hay medios suficientes, es cierto. Habrá que luchar para que los haya. Es necesario acoger a las personas del Aquarius y hacernos oír en Bruselas, donde no se pone el grito en el cielo porque está en el agua y ahí se oye menos. Es un orgullo que en Málaga existan pisos tutelados y organizaciones como Málaga Acoge ofreciendo ayuda profesional a gente que lo daría todo por tener los problemas que tengo yo, en vez de los que les han tocado a ellos. Hay momentos en los que no se puede mirar para otro lado, y éste es uno de ellos. Los argumentos xenófobos campan estos días a sus anchas. Los oídos se me llenan de agua. Es un buen momento para colaborar con estas organizaciones.

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