Un esfuerzo estancado

Hoy, 20 de junio, se celebra el Día Mundial de los Refugiados. Es un buen momento para reconsiderar los efectos devastadores de la guerra y la persecución. Es el momento de que la sociedad reflexione y se implique

PATRICIA RODRÍGUEZ MEDINASECRETARIA DE POLÍTICA SOCIAL Y MIGRACIONES DE CC OO MÁLAGA

Hoy, 20 de junio, se celebra el Día Mundial de los Refugiados. Lamentablemente este día significa en la actualidad miles y miles de vidas que descansan en nuestro mar Mediterráneo. El mar al que cantaba Joan Manuel Serrat. El mismo en el que muchos disfrutamos de sus playas y del sol es hoy el agua bajo la que se encuentran los cuerpos de los abandonados por la sociedad.

Es un buen momento para reconsiderar los efectos devastadores de la guerra y la persecución. Las consecuencias del abandono de los que se ven obligados a huir. Es el momento de que la sociedad reflexione y se implique.

El año pasado, en muchos países y regiones, fuimos testigos de manifestaciones extraordinarias de comprensión y solidaridad. Gente sencilla y comunidades enteras abrieron sus hogares y sus corazones a los refugiados. Algunos estados, como Turquía, Líbano... acogieron aún a más personas de las acordadas entre países inicialmente, recibiendo en sus fronteras a un gran número de refugiados y refugiadas. Tenemos que sumarnos a estos estados que reciben y acogen a los refugiados, con criterios solidarios más allá de las tasas acordadas. Son países a menudo afectados por la pobreza, la inestabilidad y el subdesarrollo, y quizás sea ello lo que les lleva a ser más solidarios con los necesitados.

Nueve de cada diez refugiados viven actualmente en países pobres o economías modestas, que sí se sienten comprometidos con los estados vecinos.

Es un fracaso social y una carencia de humanidad el abandono de más de un millón de refugiados y migrantes que llegaron a las costas europeas, cruzando el Mediterráneo, fruto de la especulación entre países, de los recursos naturales, y de las mafias que utilizan su desesperación para exponerlos a la muerte, en embarcaciones inadecuadas, poniendo precio a la vida y a la dignidad. Es un drama humano que muchos de ellos estén bajo las aguas de nuestro mar Mediterráneo.

En este escenario, nuestro Gobierno sigue sin cumplir con la cuota de refugiados acordada, cuyo plazo finaliza en septiembre. De los 17.387 refugiados que España se comprometió a acoger en 2015, sólo han llegado 1.212. La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española ascenderá en 2017 a 2.450,72 millones de euros, el 0,21% de la Renta Nacional Bruta (RNB). En términos absolutos significa 54 millones de euros más que lo presupuestado en 2016, un incremento del 2,3%, que apenas se corresponde con el crecimiento de la RNB desde el pasado año.

En definitiva, el esfuerzo de ayuda se mantiene estancado. La AOD se mantiene, por tanto, en niveles muy alejados del compromiso internacional de alcanzar el objetivo del 0,7% reafirmado recientemente por España y nos desvía de la senda de convergencia con nuestros socios europeos -la media europea de AOD ejecutada es 0,51% RNB-.

Hoy, día 20 de junio, hemos de recapacitar, que quienes huyen de la guerra y la miseria no son culpables de haber nacido en un país sin derechos humanos, en el que son explotados, saqueados, mutilados, asesinados... cualquiera de nosotros y nosotras, hijos e hijas, podíamos haber nacido en uno de esos países.

Aún en la memoria, recordamos que muchos de nuestros antepasados también se vieron en la necesidad de huir de nuestro país para salvar sus vidas. La 'desbandá' que se produjo desde Málaga, por la carretera del Almería, abandonó a su suerte a muchos malagueños y malagueñas, caminando y sorteando la muerte y el hambre para refugiarse en otros lugares.

Hoy, el mar Mediterráneo se ha convertido en la forma de huir de la muerte y la miseria. Nuestras respuestas a los refugiados deben basarse en nuestros valores compartidos de responsabilidad participativa, no discriminación y derechos humanos, y en el derecho internacional de los refugiados, incluido el principio de no devolución. Debemos amparar a los millones de hombres, mujeres y niños que huyen de sus hogares cada año, velando por que se protejan sus derechos y su dignidad, dondequiera que se encuentren, y recordando que la solidaridad y la compasión son la esencia de nuestra respuesta colectiva.

Es cierto que son muchos los problemas propios que tenemos que solucionar en España, la precariedad, el desempleo, la corrupción... pero no es menos cierto que abandonar a los que más lo necesitan no va a facilitar que mejoremos, sino, muy por el contrario, contribuirá a hacer a los gobiernos más insensibles ante los problemas de las personas.

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