Escritores de enero

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Benito Pérez Galdós, Albert Camus, Franz Hessel, Jaime Gil de Biedma, Gabriela Mistral, Agatha Christie, Ramón Gómez de la Serna, James Joyce, Ramón J. Sender, Blas de Otero, Camilo José Cela, Manuel Machado, Gerald Brenan, George Orwell, Dámaso Alonso, Gonzalo Torrente Ballester, Vicente Blasco Ibáñez o Ángel González tienen algo en común: fallecieron en el primer mes del año.

Ángel González, premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985, decía que los poetas hacen poemas como los arquitectos hacen casas. Y que las dos cosas sirven para vivir. Y es cierto, porque como escribía también otro grande de las letras, el profesor Antonio Garrido Moraga, fallecido también en enero, justo hace hoy lunes una semana, «no es posible pensar sin palabras. Vivimos en ellas».

Hace diez años que falleció González, hace una semana justa que murió Garrido. En la muerte de los amigos, de los poetas (todo poeta sabe escribir y acertar con lo que en algún momento sentimos y eso, cuando ocurre, los convierte en amigos íntimos), vamos adelantando nuestra propia muerte. Muerte que algún momento conducirá al exilio de las palabras para instalarnos en realidad trascendente y eterna: la de la memoria, mientras vivamos, o de la vida, mientras seamos.

El 5 de noviembre del pasado año, en su última columna en este diario, el profesor Garrido Moraga escribía: «Cuando hablamos del exilio lo hacemos desde la carencia, desde el dolor y la tragedia». No obstante, al final de la vida, cuando el escritor se queda sin palabras porque su vida se extingue, Ángel González escribía: «No sin melancolía, comprobamos que, al margen ya de todo, vale la pena».

Sospechemos, por tanto, de quienes no aman los libros. De quienes desprecian la lectura. No tendrán letras que ponerle a la vida. Cuidado con ellos. Porque su torpeza es mortal. Aunque por no cambiar no cambie ni nuestra suerte. La diferencia es que con la literatura todo es más soportable. Son obras, estas las escritas, que nos muestran pensamientos, ideas; que nos cuentan cuentos, vida que nos transporta a lugares insospechados o nos plantea cosas que hasta ese momento jamás hubiéramos pensado. Páginas llenas de pequeñas letras donde se almacena gran parte de lo que la inteligencia y la sensibilidad humana ha cultivado hasta hoy. La lectura y escritura son confidentes y conducen al silencio, hasta el yo más íntimo de la mano de la poderosísima recreación imaginativa.

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