Equilibrio inestable

ARTURO REQUE

DESDE la distancia que supone doblar el mapa de España por la mitad y pasar unos días en tierras del Cantábrico, las noticias locales adquieren un cariz de irrelevantes que, junto al efecto placebo que provoca el descanso laboral, bajan la intensidad analítica de los acontecimientos. Por lo tanto ya me dirán ustedes cómo se encuentra Marbella pues yo acabo de aterrizar, aterrizaje forzoso diría yo, ya que se me han hecho cortísimos los días de asueto.

Que me cuenten los que nos visitan por primera vez su impresión, emocional y analítica, sobre la idea que traían de Marbella desde su lugar de origen y lo que se están encontrando. Me sigue llamando la atención la avalancha de turistas nuevos que siguen llegando -de momento por fortuna, pero cuidado, que el vaso está cercano a rebosar- y lo que esperan encontrar en lo que se supone descanso y relajación.

Que me cuenten los que repiten si notan cambios en el servicio y funcionamiento de la ciudad respecto a otras estancias anteriores y qué echan en falta para poder mantener su fidelidad en próximos años. Si han probado en otros destinos y por qué vuelven a nuestra tierra. Los que aquí residimos sabemos de nuestras virtudes y nuestros defectos, pero conocer la opinión externa es muy importante para conocernos mejor y poder aplicarnos en ofrecer nuestra mejor cara y ganar corazones. Contar con un observatorio turístico en una ciudad que vive casi exclusivamente de ello sería garantizar el conocimiento objetivo de lo que demandan quienes nos visitan, los aspectos positivos o negativos de sus estancias y contar con indicadores que permitan realizar las adecuadas estrategias de promoción y marketing. Si bien, no podemos caer en el error de organizar la ciudad únicamente para el visitante temporal olvidando a los residentes ya que, garantizar calidad de vida a los locales es sinónimo de excelencia y, si el vernáculo está cómodo se reflejará en la atención al forastero.

Me faltaría conocer la opinión sobre el estado de la ciudad de un último grupo, la de los marbellíes que no se han ido aún de vacaciones o se quedan aquí por diferentes motivos. Saber cómo están conviviendo con la multitud que llena nuestra ciudad, cómo es el cruce de caminos diario entre el que gestiona su agenda laboral y el que se deja llevar por su holganza -aunque en más de una ocasión parece que se invierten los papeles y es el ocioso el estresado-. Me temo que difícil ecuación la que nos toca resolver cada verano pero cuyo resultado es la suerte de poder vivir en este municipio durante el resto del año.

Me cuentan que una ha sido la noticia redundante del pasado mes de julio, la cual llegó a modo de letanía con las siglas de OSP en cada enunciado, donde las exigencias de esta minoritaria agrupación y la posibilidad de una ruptura del pacto electoral elevó la tensión política y se demostró que la gobernabilidad de Marbella pende de un hilo. Ya lo advirtieron cuando firmaron el pacto de gobierno, así que no debería sorprender a nadie, y la verdad es que están aprovechando su posición bisagra forzando al máximo. Poco tienen que perder, les necesitan los unos y los otros. Aquel momento de decepción por bajar de tres a dos escaños ha quedado muy lejos y, tras pasar el ecuador de la legislatura, toca poner miras a las próximas, tal vez con un giro de rumbo y en todo caso ofreciendo a sus votantes abundancia de servicios. La balanza está en equilibrio inestable, descompensando un municipio que tiene veintisiete kilómetros de extensión y numerosas áreas residenciales. Lo de los repartos justos no debe hacerse bajo presión sino con análisis y espíritu democrático. Tampoco el sofocante calor veraniego favorece la toma de decisiones. Mucho cuidado con las insolaciones no vaya a ser que la música se vaya a otra parte...

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