Equidistancias

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Hablar del devenir de Europa para mí es hablar del acontecer de Málaga, y a la inversa, abordar el día a día de nuestra ciudad y provincia es sentir el latir de Europa, sobre todo en una casi ciudad-estado, jamás un cantón, como la nuestra, que recibe al año millones de turistas, y cuyo aeropuerto ha supuesto desatar el nudo gordiano de un histórico aislamiento. Por ese motivo me atrae desgranar conceptos hoy día tan en boga como equidistancia, que está relacionado con otro término, este es el de contradicción. Es más, yo diría que sin contradicción no hay equidistancia, y a la inversa. El diccionario de la RAE señala, en su segunda entrada, que el principio de contradicción crea diálogo, tensión y conversación. Acerca de la equidistancia el DRAE determina que se trata de igualdad de distancia entre dos o más puntos a cosas. Surgen multitud de ejemplos en la actualidad diaria en los que ambos términos se entrelazan, confunden, yacen juntos, hacen el amor y la guerra al mismo tiempo, están condenados a entenderse, a sobrellevarse o a aniquilarse.

Sin ir más lejos el presidente francés, el maquillado Macron, es el ejemplo vivo de lo que hablo. Hace unos días se enfrentó a una dura oposición callejera, y también a buena parte de la opinión pública de su nación, debido a sus drásticos recortes económicos, y sin embargo, ayer mismo, se descolgó con una declaración de principios acerca de la refundación de Europa para evitar los extremismos políticos, los nacionalismos y la insolidaridad entre naciones. Es cierto que para sobrevivirse la república francesa lleva refundándose desde que les cercenaron el cuello a sus nobles y a sus reyes. En concreto la república gala se ha refundado cinco veces para adaptarse a los cambios de la escena europea, la última refundación, la gaullista del 58, ha perdurado a pesar de sus convulsos escenarios. «Cambiar para seguir igual, soy fiel a un solo monarca, el brie, el rey de los quesos», la cita pertenece al taimado Talleyrand; quizá en el relato político esta equidistancia implique situarse honradamente, no como Talleyrand, en el centro del panorama político. Unas veces en el centro-izquierda, otras en el centro-derecha, según toque en el vaivén de la política cotidiana. No se me quita de la cabeza Adolfo Suárez, y su trágico destino, al que criticábamos sin piedad en mi época estudiantil, sin valorar lo suficiente las presiones que sufría de un lado y de otro.

Un cercano ejemplo de equidistancia activa la estamos presenciando en el socialista Pedro Sánchez respecto a la grave crisis catalana. No debemos negar que los socialistas han apoyado, sobre todo en la última fase, al gobierno de Mariano Rajoy frente a la ilegalidad jurídica utilizada por Puigdemont y sus aliados, para conseguir, por este orden, la independencia y la proclamación de una república asimétrica. Los socialistas no deben caer en esa estrategia chapucera y en el fondo anti-federalista. Ponerse de perfil no es patrimonio de los equidistantes sino de los irresponsables.

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