Se fue una época

Se va 'Interviú', ha echado el cierre aquella fábrica que mezclaba la política y el erotismo

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Era la democracia en flor, era un carnaval que cada día se bautizaba con el nombre de Libertad. 'Interviú' era la política satinada, la burbuja semanal en la que lo mismo aparecía el rictus contenido de Adolfo Suárez que los pechos prohibidos de una actriz hasta entonces pudibunda. 'Interviú' era una pancarta y un pacto con la nueva realidad. Papel que empapelaba la oficina de los garajes, el almacén de los camioneros, y que en las oficinas menos proletarias andaba de mano en mano con la excusa del artículo brillante o el reportaje-denuncia que atacaba al poder, a los de siempre, ahora libremente apedreados por el pueblo, por el adjetivo diamantino de un valiente columnista.

Se va 'Interviú', ha echado el cierre aquella fábrica que mezclaba la política y el erotismo. Se va aquejada por los años, porque las tetas de Agata Lys ya no interesan a nadie y las turgencias actuales de cualquier otra señorita, que es como entonces se llamaban a las damas del destape, están al alcance de cualquiera con solo pulsar una tecla. El erotismo no es lo que era y la política tampoco. Así que el periodismo también ha cambiado de piel. Está en plena mudanza, como en mudanza anda el mundo entero. Nunca el mundo se estuvo quieto, pero desde que empezó la era Internet la transformación va más allá de ese movimiento constante que tuvo la vida de cualquier humano en el pasado. Quien ahora tenga edad suficiente para recordar aquel tiempo en el que apareció 'Interviú' es alguien que ha sido zarandeado por más cambios de los que experimentaron diez generaciones seguidas de las de antes del siglo XV o no se sabe cuántas del XIX.

Ese es el ritmo que lleva este baile. Ahora, en la despedida de esa revista, pasan por las pantallas de los digitales o quedan congeladas en el papel de los dinosaurios algunas de las portadas que marcaron una época. Las musas de Umbral, aquella carne de literatura un poco trasnochada -unas derrotadas en la batalla del bótox y las liposucciones, otras por dignidad-, hace tiempo que cubrieron sus vergüenzas. Atrás quedaron las Sabrinas, las Cantudos, los padres de la Constitución y todo el material humano con el que se fabricó aquella España. Esa que ahora, como las colinas de Roma, es la escombrera sobre la que se levanta el nuevo país. Cascotes de vasijas rotas en las que se bebió el vino de la juventud y que ahora únicamente sirven de cimiento. Capas tectónicas cubiertas de tiempo. Toca el volapié del tuit, el dardo de ciento cuarenta caracteres, el meme que resume media página de la vieja ironía, la pornografía ginecológica de internet. Ese río revuelto que encarnó 'Interviú' tiene hoy demasiados protagonistas. El pueblo tomó finalmente la bastilla de la información. La otra prensa, la de siempre, busca su camino en medio de la selva. La que abanderaba esa revista, o algo parecido, ha reventado de éxito. O, también, de algo parecido al éxito.

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