Una épica

El rayo verde

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Reverdece el andalucismo, o lo intenta en estas vísperas del 4D, y lo vuelve a hacer sobre los huesos de Manuel José García Caparrós. Como hace 40 años, la muerte del joven malagueño es como el tema sostenido de una sinfonía, la que cuenta el avatar de un pueblo siempre necesitado de un impulso más, de afianzar su sitio en la historia, de reconocerse orgulloso y de vencer un destino trágico. Las epopeyas en general se forjan sobre la sangre de un joven, sobre un crimen y un dolor que sacude los cimientos y une por encima de las diferencias. Si a mi me preguntan por el 4 de Diciembre, lo primero que me viene a la cabeza es el pasodoble de 'Raza Mora', la comparsa carnavalesca de El Puerto de Santa María: «Un 4 de diciembre muere un malagueño, una bala traidora le quitó la vida...»

Han tenido que pasar 40 años para poder conocer, por las iniciales, quién fue el cabo de la Policía (entonces) Armada cuya mano «que apretó el gatillo», decía el pasodoble, «una mano sucia de alma retorcida». Resulta difícil de explicar que aún hoy las actas de aquel suceso sigan siendo secretas, pero también es doloroso el olvido en que se ha visto sumida la muerte de Manuel José durante estas cuatro décadas. Se prefirió el 28F al 4D y de no ser por el gobierno de coalición PSOE-IU, es decir por IU, que impuso la Medalla de Andalucía para su familia, por el vibrante recuerdo que le dedicó Antonio Banderas, Hijo Predilecto aquel año, la muerte del muchacho habría quedado, como tantas de la época, doblemente sepultada, en la tierra y en la memoria. Cuando este lunes la familia cambie sus restos de lugar en el cementerio malagueño se producirá algo más que un traslado, será un acto de justicia histórica. Me pongo fácilmente en su lugar. Los hermanos que mueren se llevan para siempre un trozo de uno mismo y siguen reclamando su lugar en nuestra vida.

El aniversario del 4D viene con significados añadidos. Desde la Junta se quiere utilizar para reenergizar el sentimiento de los andaluces de identificación con la tierra, con el fin de plantar batalla en la negociación, que se supone inminente, de la financiación autonómica, donde todos los signos hacen pensar que se nos va a intentar dar coba, como entonces, y relegar a una autonomía de segunda. ¿Estará dispuesta Susana Díaz a llegar como quien reconoce como su 'referente', Rafael Escuredo, a ponerse en huelga de hambre? La batalla por la financiación va a exigir de todos sus recursos.

Al ver las imágenes de entonces me pregunto si la aventura va a continuar y si los jóvenes de hoy tendrán el privilegio de sentir, como entonces lo sentimos, el orgullo de nuestra tierra, el dolor del agravio y el ansia de un futuro mejor.

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