Enhorabuena a los ganadores

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Dada la necesaria brevedad de esta columna, he pensado que el título me venía bien para felicitar al mismo tiempo a quienes el viernes ganaron algún premio de la lotería de Navidad y a quienes ganaron el jueves las elecciones de Cataluña. Respecto a los primeros, los de la lotería, siempre me viene a la cabeza aquella clase de Sociología en la que nos explicaron, ya hace cuarenta años, en qué consistía la llamada 'cultura de la pobreza'. Al parecer ganar la lotería no les garantiza a cierto tipo de personas que las cosas se les arreglen. Si la razón por la que te va mal en la vida es que tus valores y hábitos son inadecuados o, directamente, malos, el dinero de la lotería se te escapará entre las manos en un pis pas, es más, puede que te metas en gastos que te hagan más pobre de lo que eras. De modo que, por lo visto, quienes les sacan más rédito a un premio de la lotería son las personas a las que la vida ya les va bien o muy bien. Sin duda se trata de una idea muy poco romántica, y hasta nos puede parecer injusta, pero funciona.

También debemos felicitar a los ganadores de las elecciones en Cataluña, allí la victoria ha estado muy repartida, como también ha ocurrido con el gordo de Navidad. Nadie podrá negar el magnífico resultado que ha obtenido Inés Arrimadas al frente de Ciudadanos. Ciertamente su partido ha sido el primero en votos y escaños, aunque, en un cierto sentido que no debemos obviar, no haya ganado las elecciones. En efecto, en ese sentido al que nos referimos, las elecciones las han ganado los partidos que gobernaban -es un decir- Cataluña, hasta la aprobación del 155.

Ciertamente después de la gran alegría de la noche del jueves, es posible que, a estas alturas, todos los ganadores de las elecciones catalanas se estén dando cuenta de que el premio que han obtenido no les va a arreglar la vida sin más, sino que tendrán que usar unas virtudes y unos valores que hasta ahora no les hemos visto, para sacar algún rendimiento al poder y a la representación que les han otorgado las urnas. Un poder que no ha sido ni el imaginado por unos, ni el temido por otros, pues, al final, el pueblo de Cataluña no ha sacado de la cárcel al señor Junqueras, ni ha traído del exilio al señor Puigdemont, para canonizarlos héroes nacionales de la república catalana.

No va a ser fácil explicar, ni siquiera en Bruselas, y eso que allí están acostumbrados a escuchar muchas cosas, que con el 47% de apoyo popular un gobierno regional europeo puede saltarse la Constitución y las leyes de su Estado, incluidas las de la propia región, y declarar la independencia. No solo es difícil explicarlo cara al futuro, sino cara al pasado. De modo que es posible que cuando se les pase la euforia, los señores Junqueras y Puigdemont caigan en que su notable victoria del pasado jueves no les da para pagar las deudas que contrajeron malinterpretando la que obtuvieron en 2015, unas deudas que ahora los tienen en la cárcel y en el exilio respectivamente. Como la lotería, también el éxito en política puede arruinar a quien no se lo merece.

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