Enemigos íntimos (y 3)

La Rotonda

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Concluyo la trilogía que empecé hace justo tres semanas con un tercer (y último) artículo sobre el Maestro liendre y sus pupilos. Termino a la de tres, que debe ser cosa de la Cábala. Simboliza la esperanza, el amor, la fe y el entendimiento. No es mal número, tratándose de lo que se trata, que es justo de lo contrario. Igual significa que las cosas podrían llegar a cambiar, aunque el escepticismo me puede y no creo que lo vea.

Le copio el título a dos de los grandes, pues recordarán los melómanos el bello álbum editado por Joaquín Sabina y Fito Páez. En Málaga, los enemigos íntimos son aquellos que definen su postura frente a un proyecto no tanto porque realmente les parezca adecuado o no, bueno para la ciudad, con criterios técnicos y objetivos. Sino por quién lo hace, lo protagoniza o lo lidera. La misma infraestructura tendrá una valoración radicalmente diferente si la hace 'uno de los míos' a si la intenta impulsar 'uno de los otros'.

Es de sobra conocido, para cualquiera que haya seguido mínimamente la actualidad de la ciudad, que en las dos décadas que van desde el inicio del periodo de máximo esplendor de la urbe hasta hoy se han planeado muchos proyectos, en una efervescencia creativa hoy incluso acrecentada. De estos, unos han pasado sin debate, como verdad divina, absoluta e indiscutible; inmaculados, «qué pena no haberlo pensado antes» y tal. Otros, en cambio, levantaron una controversia total, con ataques furibundos a sus autores y promotores, como si la propuesta fuera de por sí malévola, o lo que es peor, antimalagueña. Para cada una de ellas, es fácil analizar quién la promovía, pero no hablo a nivel institucional o político, sino profesional y social; y quién encabezó la oposición. Sobre todo, desde qué plataformas, entendidas como tales instituciones, colectivos y medios.

Seguramente, si analizamos cada uno de ellos -los buenos y los, presuntamente, malos- ni los primeros eran sagrados ni los segundos, diabólicos. Simplemente, sobre unos se promovió el debate y sobre otros, no. La triste realidad es que buena parte de las críticas a todas las iniciativas que han pasado, y las que están por venir, no se justifican por elementos objetivos, sino por rencillas personales de los protagonistas de uno y otro bando, que en ocasiones se remontan al inicio de los tiempos. Ojo, digo buena parte, no todas, porque me consta que en Málaga tenemos magníficos profesionales, técnicos y políticos que están al margen de batallitas, aunque por desgracia no es casi nunca su opinión la que más pesa.

En esta ciudad cainita que siempre lo fue, donde el criterio pesa menos que quien lo esgrime, y sobre todo contra quien, la íntima enemistad pesa más que el mejor informe del más afamado de los ingenieros. Y así será, por los siglos de los siglos. Y amén.

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