El rayo verde

Empresas éticas

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

No debe pasar desapercibido el anuncio de que la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA) se propone entrar en el debate público para dar su criterio sobre los asuntos de interés general, en vez de ceñirse exclusivamente a temas laborales y económicos. El próximo mandato que a buen seguro encabezará Javier González de Lara tras la asamblea general va a significar, así, un cambio sustancial en el perfil de la patronal andaluza, que de hecho ya se pudo vislumbrar con la decidida actitud del actual presidente ante el conflicto catalán. Lo hizo a nivel corporativo, para incitar a su presidente nacional, Joan Rossell, a mojarse con claridad a favor de la Constitución, y lo aterrizó en el terreno autonómico, al expresar el respaldo explícito de los empresarios andaluces al Estado de Derecho. No fue poca cosa en aquellos momentos tan graves.

González de Lara quiere que la empresas tengan criterio en temas que le afectan, aunque no sean de su exclusiva competencia. Por ejemplo, la igualdad. El argumentario interno de la CEA parece destinado a que sus asociados conozcan con datos una perspectiva bastante 'feministafriendly' y apuesten por romper la brecha salarial, la incorporación de las mujeres a puestos de responsabilidad y el apoyo al emprendimiento femenino. No se pude decir que el documento sea avanzado, sino de una prudencia calculada, no se apoya la huelga del 8 de marzo, claro, pero como primer paso resulta muy significativo e interesante.

En el fondo, lo que González de Lara quiere, entiendo, es dar a las empresas andaluzas el papel crucial que les corresponde en la sociedad. Incluso, y creo que lo dijo Manuel Ángel Martín el lunes al avanzar esta idea, busca defender su imagen y despojarle de las etiquetas de malditismo que le han acompañado desde antiguo. Resaltar, por tanto, la ética empresarial, el compromiso con una conducta de claras reglas morales y al servicio del bien común.

No es poca tarea. Al opinar, el empresariado andaluz va a correr riesgos añadidos, porque entrará en el debate público, tan agriado en general, pero a la vez va a trazar una línea de calidad y compromiso en los asociados.

Es un buen camino. La comunidad necesita aumentar el número y el tamaño de sus empresas para crear empleo y riqueza. Es tan obvio como incontestable. Pero también precisa un empresariado moderno, comprometido, rigurosamente ético. La ética, lo decía el otro día en Sevilla Antón Costas en sus conclusiones de la jornada 'Terapia contra la corrupción', es un buen negocio para las firmas. La pervivencia de las más señeras lo confirma. Lo necesitamos también, y, sobre todo, los trabajadores. Quienes hemos tenido la suerte de poder confiar en nuestra empresa, y que esta actúe con justicia y equidad, bien sabemos lo que nos va en ello.

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