¡UN EMPATE, UN EMPATE...!

Palco 17

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Después de tantas derrotas seguidas, el Málaga consiguió un empate... ¡Un empate, un empateeee!, como el anuncio del niño que encontró un palo. Pues eso. Nos conformamos con un empate en Vigo ante un Celta que fue un verdadero lebrillo, pero eso es lo que hay. Imposible conseguir algo más si no se tira a puerta, salvo en el último minuto, cuando Lestienne la tuvo en sus botas, pero su disparo, defectuoso como poco, se estrelló en el poste derecho del meta gallego.

El Málaga está desahuciado. Hundido, pero una victoria al menos nos habría dado cierta vidilla, pero nada. Es imposible. Desde luego, cada partido que pasa estoy más convencido de que José González ha sido más un problema que una solución, y así nos va. Cuentan que hay un gran divorcio entre entrenador y jugadores. No lo sé. Lo que sí sé es que el Málaga no tiene ni una idea clara ni un concepto de juego. Está peor que con Míchel, que ya es decir. Frente a un paupérrimo Celta fue incapaz de conseguir una victoria que no sirve para mucho, con 14 tristes puntos, pero repito nos habría dado alguna ilusión fantasmagórica. Nada que hacer. Nos vamos a Segunda. Lo que no entiendo es que sigamos con Jose de entrenador ni que este no haya dimitido, ni tampoco que algunos jugadores que no van a seguir ni pagando sigan como titulares, pero eso ocurre en un Málaga sin rumbo y sin presidente, sin nadie que aparentemente gobierne la nave, porque los que hay no tienen potestad, y los que la tienen no están. El caso del Málaga es algo histórico y atípico en el fútbol español que sólo puede ocurrir en una sociedad indolente como la nuestra. Aquí hemos pasado del blanco al negro sin ningún gris, y eso es duro de asimilar. Hay que pensar que ya estamos en Segunda, y que las vamos a pasar, con perdón, putas, porque tenemos unas limitaciones enormes y a Al-Thani ni se le ve ni se le espera, o a sus hijos, que aún no sabe uno que es peor. Un empate, un empate... Como el enfermo pobre al que le llevan jamón: «Me tengo que estar muriendo...» Pues eso, muertos estamos.

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