El sitio de mi recreo

Elogio del piropo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El piropo es poesía sin reposo. No conoce el descanso que necesitan las palabras para convertirse en verso. Con la premura que dicta el corazón y la emoción que nubla el seso, el atrevimiento se convierte en las palabras breves, ingeniosas y cercanas que hacen grato al piropo. El halago no tiene nunca nada de vulgar, es la cortesía de lo humano. Ponderar las cualidades de alguien, y especialmente las relacionadas con su belleza exterior o interior, une a las personas, no las distancia nunca. La realidad siempre ha sido generosa con la verdad del piropo y ha hecho que perdure en el tiempo.

Una de las mayores tentaciones de algunos gobernantes es la de la excesiva regulación de los usos y costumbres de los ciudadanos, entendiendo que las personas están de alguna forma limitadas para saber gobernar su propia libertad y conveniencia. Fomentar debates sobre situaciones que el común de los ciudadanos tienen superadas, suele coincidir con el afán que tienen los que gobiernan de distraer a la opinión pública, para que la misma no fije su foco en temas de especial trascendencia. Esta semana el Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud han presentado la campaña #NoSeasAnimal contra el acoso sexual callejero, que definen como una «práctica socialmente aceptada que normaliza el papel de las mujeres como objeto sexual». El acoso en cualquiera de sus modalidades no debe tolerarse de ninguna manera y tiene que perseguirse. Todas las personas que entienden que el respeto es un bien a proteger siempre se ponen del lado de las víctimas. Lo que muchos no entendemos es que algunos defiendan que el piropo es la antesala del acoso. No es justo encontrar relaciones de causalidad entre el halago o el piropo y las conductas reprobables del acoso. Sería tirar por tierra años de respeto mutuo, ingenio y cortesía. El piropo no empequeñece a las personas ni las convierte en animales ni en futuros delincuentes. Hay tantos comportamientos y realidades que cosifican a las personas y que no merecen la atención de los políticos con exceso de celo regulador, como por ejemplo la pornografía, que nos hacen dudar de los auténticos fines de algunas campañas de sensibilización.

El mal gusto, lo vulgar, lo zafio, lo hiriente, el insulto, el machismo, lo violento nunca preceden ni pueden acompañar a lo bello, pero sobre todo no tienen nada que ver con el piropo. Atreverse, ser tierno, mostrarse leal y animoso caben en el piropo que uno dirige a su madre, a su hija, a su hermana, a su amiga, a su amada, sin tener que morir en el intento.

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