Ejército, sociedad y globalización

Ante la internacionalización del terrorismo, España ha de participar activamente, y lo hace, en los mecanismos defensivos/ofensivos de la OTAN, del futuro ejército de la UE o a través de tratados bilaterales

FRANCISCO J. CARRILLO

Una de las características de la globalización con sus luces y con sus sombras es la internacionalización de estrategias militares conjuntas. La ONU fue pionera en esta modalidad de aunar fuerzas en las llamadas 'Operaciones de Paz' o en el 'uso de la fuerza' a tenor de su Carta. Internacionalización del mando y de las operaciones diversas no significa que los ejércitos pierdan su enraizamiento nacional y estatal. De ahí que, conforme al Artículo 8.1 de la Constitución Española de 1978: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». Garantizar la soberanía e independencia de España, la integridad territorial y el ordenamiento constitucional son las «misiones constitucionalizadas» de las Fuerzas Armadas que se articulan estrechamente con las «misiones constitucionalizadas» de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a tenor del Artículo 104,1 de la CE1978: «Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo la dependencia del Gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana». Cuando España o la ciudadanía se vean amenazadas, los instrumentos constitucionalizados han de activarse.

La globalización del terrorismo, en particular el llamado terrorismo yihadista del Daesh, Al Qaeda y sus franquicias declaran tener a España (Al Andalus) entre sus objetivos prioritarios, amenazando a la seguridad ciudadana y, por ende, al libre ejercicio de los derechos y libertades. Por ello, en algunos países con alerta máxima terrorista -es el caso de Francia- las Fuerzas Armadas patrullan las calles y los centros estratégicos o de alto movimiento de personas.

La amenaza terrorista es seria. Y cuesta entender las voces, marginales y marginadas por sus propios argumentos, que están en favor de «la desaparición del Ejército». ¿Qué proponen esas voces?: ¿huelga ciudadana de brazos caídos mientras son víctimas de atentados?; ¿comités populares de desactivación de explosivos?; ¿voluntarios para llevar a cabo la información sobre terrorismo, el análisis y seguimiento del ciberterrorismo, la defensa y control de aeropuertos, ferrocarriles, barcos, fronteras, de la prevención e identificación de comportamientos violentos? No logro ver a ciudadanos voluntarios con fusiles de asalto al hombro participando en las Misiones de Paz de la ONU, de la Unión Europea, de la OTAN o en aquellas resultado de acuerdos bilaterales internacionales. ¿Quién garantizaría el sistema de alerta y control de nuestro espacio aéreo y de los misiles defensivos? ¿Y el rumbo de la Armada?

Los hechos son como son. La globalización y la vertiginosa circulación de la información nos hace comprender mucho mejor que hace cincuenta años los peligros y las amenazas reales que se constatan en el mundo y que crean «miedo» en la ciudadanía como magistralmente lo describió el recordado amigo y profesor Luis González Seara. La complejidad del terror, cierto es, viene acompaña de un potente mercado negro de tráfico de armas (y otros tráficos). ¿Qué proponen, de más, las voces que piden la supresión del Ejército? ¿Acaso están a favor de externalizar nuestra defensa y protección para que tal misión «constitucionalizada» sea asumida, mediante un contrato, por nuestros vecinos Francia o Marruecos? (El presidente Macron incluyó en su programa el retorno a un servicio militar obligatorio para todos los franceses y francesas, cuya duración sería de un mes. Sutilidad con varios objetivos de formación y de acercamiento de la sociedad a las Fuerzas Armadas.)

A terrorismo globalizado, respuesta internacionalizada. Me parece que sería inviable para España (a menos que opte por la autarquía y el cierre de fronteras, lo que nos llevaría a una pobreza generalizada) que demande ser protegida y defendida por los socios europeos, por la OTAN, por la Legión Francesa, al tiempo que desmantelaría a sus Fuerzas Armadas y destruiría todos los arsenales y equipos defensivos. Es por ello que la protección y defensa del territorio, de la soberanía y de la ciudadanía hoy es difícilmente concebible sin la participación activa de las Fuerzas Armadas, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y del CNI en alianzas y en operaciones internacionales contra el terrorismo y contra todos los tráficos ilícitos en un mercado negro también internacionalizado.

Fue significativo, a título de ejemplo, que durante la visita del presidente de Francia a España con motivo de la última cumbre bilateral la fuerza militar que rindió honores fuese La Legión. Sin duda el presidente estaba informado de que se trataba de una fuerza de élite, totalmente modernizada, con destacada participación en Misiones de Paz de la ONU en Líbano, Irak, Senegal y zona del Sahel, etc. Estas misiones de la ONU -algunas conocí en el terreno de operaciones- son prioritariamente de 'interposición' (para evitar la guerra entre dos partes), defensivas y de formación no solamente militar. Estas misiones como las operaciones militares con uso de la fuerza autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU son misiones en guerra y de guerra como último recurso para lograr una pacificación.

Ante la internacionalización del terrorismo, España ha de participar activamente, y lo hace, en los mecanismos defensivos/ofensivos de la OTAN, del futuro ejército de la UE, o a través de tratados bilaterales. Lo nacional y lo internacional están hoy estrechamente articulados.

¿Quién se opondría, en un mundo idílico, a que el presupuesto militar se destinase a construir viviendas protegidas, por ejemplo, o a impulsar una reindustrialización (aunque se olvida los empleos que crean las Fuerzas Armadas, así como su labor educativa y de formación)? Pero tal como están las cosas en el mundo, eso sería una gran utopía irresponsable por insolidaria y suicida. Nos toca pues optar por el incremento de su presupuesto. Sin olvidar una mejor información y comunicación de las Fuerzas Armadas con la ciudadanía. Para ello, todos los esfuerzos son pocos para contrarrestar la posverdad de personas traducida en noticia.

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