El alféizar

El ejemplo de los buenos

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Málaga y su provincia está repleta de gente buena. Sí, conviene saberlo y decirlo. Malnacidos hay. Y personas que son unos delincuentes e indeseables también. Pero, sobre todo, hay gente buena. Gente anónima que no hace ruido, personas que conforman un tejido asociativo en ciudades y pueblos que ayudan en todo lo que pueden y más, individuos que tienen corazón. El ser humano, aunque tiene una vis violenta y egoísta, también hace gala frecuentemente de una bondadosa y solidaria. Y hay personas que lo expresan con lo que hacen, dicen o piensan. Son aquellos que piensan bien aunque no acierten, quitan tiempo a su descanso para ayudar o con su manera de hablar favorecen la concordia. Una palabra bella esta de concordia recomendable recuperar. Porque la vida es corazón. En la medida que imprimimos a nuestra vida alma generamos una corriente saludable.

Ayer leíamos que en Calor y Café, centro de atención y acogida nocturna promovido y gestionado por la Iglesia Católica en Málaga, las personas se vuelven a sentir más personas. Abierto los 365 días ha sido testigo silencioso de historias dramáticas y de luz. Como esta iniciativa, hay muchas otras iniciativas de corte solidario que hacen más llevadera la vida a millares de personas y tapan los agujeros que el Estado es incapaz de cubrir. Por eso conviene colocar y llamar a las cosas por su nombre: la conciencia ciudadana, de corte religioso o no, es profeta en medio de una sociedad que se erige como incapaz de cuidar, alentar y promover la atención a los más pobres. Es precisamente en este punto donde es bueno recuperar el ejemplo de los buenos. De los que sin esperar nada a cambio invierten parte de su vida y tiempo en ayudar a otros. De manera gratuita porque lo que han recibido gratis les gusta ofrecerlo a otros gratis: capacidad, talento, sabiduría... Luego están quienes buscarán o pretenderán sacar rédito social, económico o político a su ayuda solidaria. Bueno, allá ellos. Pero quienes de verdad iluminan la vida son los que millares de hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, que dan sin esperar, ofrecen porque sí y atienden con los cinco sentidos. No se sienten enviados ni encargados de dar grandes soluciones; se saben miembros de una sociedad que busca derribar muros y acoger, rescatar y educar, solucionar y vivir. Es una manera sencilla y contundente de mejorar el mundo.

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