La rotonda

La echaremos de menos

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

ESTAMOS acostumbrados a ver cómo se malgasta dinero público en actuaciones irrelevantes o con más utilidad de propaganda que de beneficio social, cómo parte de ese dinero acaba en bolsillos que no debieran o incluso cómo se destina a fines tan legales como ilegítimos y vergonzantes como las dietas que cobran diputados nacionales y autonómicos en época de vacaciones parlamentarias o el alojamiento de señorías que son propietarias de inmuebles en las ciudades sedes parlamentarias. Algunas de estas situaciones generan escándalo y otras, a fuerza de costumbre, ni la más tímida protesta. Sin embargo, resulta impensable imaginar un paisaje de indiferencia si se descubriera a un cargo público en la improbable situación de coger maletines con dinero público y arrojarlos al mar.

Esta escena se ha producido en los últimos días, ha aparecido la foto en las portadas y sin embargo no ha habido ni la más mínima reacción social, como si el despilfarro en época de escasez fuese aceptable. Tampoco ha habido el menor atisbo de exigencia de explicaciones y responsabilidades por parte de los partidos de oposición, siempre pendientes de la más mínima circunstancia que les permita ejercer su labor pero que en esta ocasión han dejado pasar por alto una situación que supone la peor de las corrupciones, el despilfarro por negligencia de un recurso público de primera necesidad.

Durante toda la semana pasada la presa de La Concepción, de la que se abastece toda la Costa del Sol, ha estado aliviando caudal, que es la forma elegante de decir que ha estado tirando al mar agua dulce. Pese a lo que ha llovido en las últimas semanas no se puede decir que hayamos superado la situación de emergencia en la que se encuentra el sur de la Península en relación con el abastecimiento de agua. Las lluvias han permitido salvar un punto de partido y evitar un verano de restricciones, pero la situación sigue siendo peor que grave y la amenaza de la desertificación sigue vigente y en franco avance.

El agua se ha tirado al mar por una única razón: pese a que hay un anteproyecto de construcción de una nueva presa junto a la ya existente redactado por la Junta de Andalucía, pese a que existe un diagnóstico claro sobre la necesidad de ampliar una infraestructura claramente insuficiente y pese a que el problema del agua es, junto al demográfico, el mayor desafío a medio plazo al que se enfrenta esta país, no hay la más mínima noticia de que el Gobierno tenga la intención de acometer esa obra.

Mientras tanto, se sigue arrojando agua al mar. Podríamos ser optimistas, pero en esta ocasión no es posible. Echaremos de menos esa agua.

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