EL sitio de mi recreo

Duracell De la Torre

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Málaga es una calle que desemboca en el Mediterráneo. La luz define a una ciudad que no quiere dormir y se reconoce haciendo vida fuera de casa. Sus playas son un terreno fronterizo que acoge al forastero, pero no define al malagueño. El Mediterráneo es demasiado pequeño para Málaga. Habla donde otros callan, dibuja lo que otros escriben, y por eso disfruta donde otros sólo trabajan.

El secreto de esta ciudad repleta de turistas en chanclas y camareros con camisa negra está en sus calles. Todo lo importante que acontece en Málaga se da al aire libre, lejos de las luces artificiales de los teatros y ateneos con olor a moqueta. Encerrar a Picasso en un museo es no conocer a los malagueños.

Esta semana supimos que el actual alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha confirmado que se volverá a presentar a las próximas elecciones municipales que se celebrarán en junio de 2019. Una mala noticia para sus adversarios políticos, y una tabla de salvación para los propios. Todas las encuestas auguran un gran retroceso del PP en todos los comicios en los que concurrirá en estos meses venideros. La acomplejada respuesta del Gobierno central al desafío secesionista catalán pesa como una losa ante su electorado, que no entiende su política del «quiero pero no puedo». Rajoy cada vez se parece más al Zapatero de su segunda legislatura, y Soraya es Rubalcaba sin barba. Al primero, todos los suyos, que no quieren perder ayuntamientos, diputaciones y comunidades, le están insinuando que si no cambia, todos se hundirán con él. La segunda pretende heredar el poder como hizo don Alfredo. Ni Rajoy se moverá un centímetro, ni Soraya pagará el impuesto de sucesiones. Ante tales perspectivas, en Málaga tanto Elías Bendodo como Juanma Moreno se apresuraron a invertir a plazo fijo con Francisco de la Torre, al que le sobraban tanto los motivos para jubilarse y salir por la puerta grande como para fastidiar a su propio partido. El PP andaluz necesita refugiarse en la Casona del Parque, como lugar seguro para poder posteriormente recomponerse.

De la Torre representa la política del yerno perfecto. Es un hombre honrado, previsible y experimentado, que sabe nadar en aguas revueltas, que gestiona bien sus silencios y al que no le falta ni un malagueño por saludar. Sus días son manos por estrechar, actos por inaugurar, personas a las que escuchar, sin más ambición que la de ser útil a sus conciudadanos. A pesar de todos los errores que ha cometido, nadie puede acusarlo de ser un sectario o ceder a la tentación de lo vulgar.

Me imagino cada mañana a Jesús Espino explicando por qué Francisco Duracell De la Torre dura y dura. Los malagueños tendrán la última palabra.

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