DULCE VENGANZA

SANDRA PEDRAJA

Lo opuesto a la antropomúsica de Raúl Rodríguez es lo que encontré en la pasada Bienal de Venecia en el Palacio Grassi. El artista Damian Hirst, haciendo uso de de la esencia de la postverdad llenó la solemnidad del palacio con sus piezas de todos los tamaños, estilos y materiales, cuyo factor común era su presunta antigüedad, la cual pretende testimoniar cubriendo las piezas de falsos corales marinos. El señor Hirst se inventó el naufragio de un barco cargado de esculturas y documentó este bulo jugando con la idea de que 'en algún lugar entre la mentira y la verdad, yace la verdad'.Un exceso demasiado aplaudido a mi parecer.

Raúl Rodríguez hace justo lo contrario, busca la verdad, esa que no es post, ni pre y le canta, la toca y la despeina. Esta vez se fue con Jackson Browne en su búsqueda hasta Haití, esa isla caribeña camuflada entre oscuras historias de vudú y se trajo las vudubulerías para su segundo discolibro &ldquoLa raíz eléctrica&rdquo. Con portada de Javier Mariscal, prólogo del maestro Santiago Auserón e ilustraciones de Jesús Cosano, este nuevo trabajo recupera la emoción eléctrica sin olvidar a leyendas como Marta Valdés. En su perenne viaje de retroceso hacia el futuro, Raúl desempolva su tres eléctrico para redescubrir sus raíces más rockeras sin dejar de reivindicar el origen afro del flamenco, una verdad silenciada a la que él se empeña en darle voz, convencido de que se trata de una dulce venganza el que sean esos ritmos esclavos los que nos hagan libres.

He visto a Raúl a punto de parir canciones en las cuevas de Morón y estrenando ritmos en las bodegas de Montilla, siempre acompañado del maestro Mario Mass, siempre allí para darse. Ahora está de gira con su nuevo disco y pasará por Málaga a estrenarlo el próximo viernes 17 para seguir reinventando el flamenco, como su compañero de evolución, El Niño de Elche, que también volverá por Málaga con sus 'Voces del Extremo' una semana más tarde. Aprovechemos la emoción de estos sabios antropomúsicos.

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