Ese dolor

ROSA BELMONTE

No tengo muy claro cuál es la razón del éxito de 'Llámame por tu nombre', la película de Luca Guadagnino. Tampoco si la incluiría en una lista de mis películas de amor favoritas. Ni siquiera si es de amor o más bien de desamor. A lo mejor es de padres, como también lo son 'Matar a un ruiseñor' o 'Venganza'. Michael Stuhlbarg se une a Gregory Peck y a Liam Neeson como intérprete del padre perfecto. El señor Perlman, padre del joven Elio, le dice (copio de la novela): «Si hay sufrimiento, domínalo, y si queda alguna llama, no la apagues, no seas cruel». O «No sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio». O «Ahora sientes pena. No envidio ese dolor. Pero sí envidio que puedas sentirlo ahora». Es todo muy de galleta de la fortuna. La cerdita Peggy le habría dicho a Elio: «Sólo el tiempo puede curar un corazón destrozado, al igual que sólo el tiempo puede curar sus brazos y piernas partidos». Pero la película no sería tan bonita.

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