'Disturbing Marbella'

Estamos viendo en estos días unos comportamientos extremos en relación con el turismo

JACQUELINE CAMPOS

EL objetivo de crear un eslogan o un grito de guerra, según su significado literal, es para transmitir la personalidad de una marca, establecer una diferencia con la competencia y, en definitiva, identificar el producto. Con todo esto, sobra decir cuál es el propósito de 'Disturbing Marbella', molestando a Marbella en castellano, que lejos de convertirse en top ten de los eslóganes inolvidables creados por empresas para convertirse en cultura popular, es lo más soez en marketing y lo más indigno que debemos soportar desde un establecimiento que se hace llamar hotel y al que muchos califican como el escenario del Sodoma y Gomorra de Marbella.

La cuestión es hasta cuándo vamos a tener que aguantar tanto abuso por parte de determinadas empresas, además no nacionales, que para obtener beneficios incalculables son capaces de todo y a las que la imagen y el interés de Marbella les importa bien poco. En esta ocasión, la terrible impresión ofrecida por diferentes medios de comunicación se ha ajustado a la realidad y, lejos de haber creado enfado entre los ciudadanos, genera la esperanza de que tras las denuncia mediática, las instituciones públicas pongan la cosas en su sitio de una vez por todas. Esta llamada nueva generación de turistas salvajes desespera a los vecinos, rompe los principios más elementales de la convivencia social y provoca confrontaciones, delitos y un sinfín de problemas a la ciudad.

La locura y el desenfreno de estos jóvenes sacia el apetito de una empresa o empresario y, Dios no quiera, que este absoluto desmadre termine en desgracia un día de estos a tenor de la masificación y grado de embriaguez de estos jóvenes que al verles allí reunidos, más parecen pollos en criadero que otra cosa. Y más que un hotel, o lo que sea, es una ciudad sin ley donde no es que se autorice con carácter excepcional alguna fiesta, lo cual entra dentro de lo normal en un área de gran intensidad turística como la nuestra, sino que se celebran diariamente en unas condiciones que en modo alguno pueden ser legalmente admisibles.

Entrando en materia, no estaría de más ver cómo anda de papeles el hotelito de marras que recordemos tenía importantes lagunas urbanísticas en cuanto a su construcción y es de suponer que, también, en cuanto a la licencia de ocupación. Tampoco vendría mal que la Inspección Turística, que depende de la Junta de Andalucía, hiciera una inspección a fondo y analice la conveniencia de mantener o no la inscripción de esta empresa en el Registro de Empresas Turísticas de Andalucía.

Estamos viendo en estos días unos comportamientos extremos en relación con el turismo. Por un lado, sectores radicales vinculados a movimientos antisistema y similares, que no dudan en asaltar autobuses turísticos y pinchar bicicletas de alquiler. Y por otro, situaciones donde al turista se le permite todo, desde hacer sus necesidades en plena calle o en el escaparte de una tienda de lujo hasta ir medio desnudo por la calle y un largo etcétera. Pero en ambos casos hay un denominador común, que las administraciones públicas no cumplen con sus obligaciones.

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