Distintos e iguales

Sin ir más lejos

Ellas ya no van a darle más cristasol a la mesa de esos chicos guarretes

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Algunos, y no sólo los anunciantes más miopes y menos imaginativos de detergentes y productos de limpieza doméstica, ya pueden ir haciendo las maletas hacia alguna empresa de Arabia Saudí sino están dispuestos a graduarse la visión para leer el guión de la nueva era para hombres y mujeres. Contemplarla a ella oliendo la ropa que saca de la lavadora extasiada entre absurdos pétalos ya era anacronismo casposo, pero después del 8 de marzo resulta un fósil neolítico, lo mismo que esos anunciantes que se atreven a presentar a un hombre patoso tratando de hacer las labores de casa como si planchar fuese primero de Ingeniería o se le adjudica a unos alegres colegas el 'copyright' de las reuniones para ver fútbol delante de una mesa alfombrada de cervezas y cartones de pizza. El día 'D' del siglo de las mujeres ha llegado al salón de casa con algunos años de retraso, y con España convertida en faro de occidente. Ya era hora. No todo iba a ser leyenda negra y gripe española. El 8 de marzo ha esparcido al mundo una nueva dieta mediterránea para el discurso político frente a un tipo de hambruna democrática universal. Habrá que darle también una mano de pintura transversal a las ventanillas y franquicias que expiden certificados de pureza feminista y los partidos tendrán que apresurarse a abrir un negociado de igualdad con mobiliario de medidas más allá de cuotas y floreros. Puede haber paños calientes como el lazo que Rajoy se puso tras su solemne promesa de cita de gobernante a gobernanta para enmendarles la plana a algunas ministras. Si estuviéramos en la Edad Medida, nadie que se acostara una noche podía pensar que al día siguiente amanecía en el Renacimiento. La historia no pasa así, pero no está tan claro. Lo visto y oído esta semana tiene mucho de nemotecnia global para medir el nuevo tiempo en el que las mujeres, y no el hombre, será el centro por lo menos hasta que sea igual. Ellas ya no van a darle más cristasol a esa mesa de los chicos guarretes del anuncio ni a los techos de cristal en el trabajo. Los harán pedacitos por mandato del sentido común y del 52 por ciento de la población. Los trocitos habrá que barrerlos entre todos, después de romperlos a martillazos de BOE, una complicada faena imposible sin tinta morada en los Presupuestos. También en los programas políticos. Podemos lleva en esto ventaja, pero tiene que hacerse mirar como el resto los brochazos de macho alfa que lo ponen todo perdido. El verde ecologista homologa desde hace tiempo cualquier ideario, pero ahora todos necesitan ser además partidos morados para presentarse a esa clientela que comparará y si encuentra algo más igualitario, lo votará. La cuenta atrás hacia la igualdad hace tiempo que comenzó pero acaba de bajarse de una carreta tirada por unas pocas mujeres para subirse a un AVE directo. Ya no valdrán la retórica sin medidas, ni esos vistosos apeaderos por decreto tan poco prácticos para el largo viaje porque ofrecen permisos de paternidad a los que se puede aplicar objeción de conciencia de padre ausente al primer cambio de pañal.

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