DISCRIMINAR EL MACHISMO

Carta del director

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Resultó conmovedor escuchar ayer, uno a uno, los nombres y apellidos de las 45 víctimas de la violencia machista en 2017; mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas; y también niños, utilizados como instrumentos de terror para la peor venganza posible contra sus madres. Toñi García, de 33 años, degollada por su pareja; Matilde Teresa de Castro, de 44 años, asesinada por su pareja, y así hasta 45 golpes en la conciencia colectiva. Y van más de mil desde que Ana Orantes fuese quemada viva por su exmarido poco después de que ella denunciara su calvario en televisión. Es, sin duda, terrorismo machista, porque ese terror se extiende por los hogares de todo el mundo, como un genocidio silencioso.

La violencia de los hombres hacia las mujeres coloca a la sociedad frente al espejo, para avergonzarla por mirar siempre para otro lado, por asumir el machismo permanente, asumido, permitido, jaleado, institucionalizado. Para ellas todo es más difícil, más incómodo, más ingrato; siempre en guardia, vigilantes, en alerta para protegerse del acecho, de la duda constante, del desprecio, y de tipos babosos siempre dispuesto a sacar partido de su poder.

Por supuesto que hay lugares de normalidad, pero dudo que haya una sola mujer que no haya sido víctima de actitudes machistas. El problema es tan grave que las soluciones no son ni fáciles ni siquiera equilibradas, porque en este asunto hay que tomar partido, sin equidistancias. Es un error convertir la excepción en el reproche permanente al feminismo como si un hombre maltratado, que los habrá, ocultara de algún modo esta lacra.

El machismo se debe combatir desde todos los frentes. En la calle, en la oficina, en la escuela, en el deporte, en el mundo rural, en el arte... Pero también se puede luchar contra él desde la inteligencia, desde el carácter, subidas a unos tacones, en el sexo y en el amor. Es un error crear estereotipos en este combate desigual contra el machismo, como si el feminismo tuviese una hoja de estilo. Cualquier pero, cualquier precaución, cualquier advertencia a la mujer es un jirón de su libertad. Diga lo que diga, haga lo que haga, vista como vista. Lleve la falda corta o larga. Todo eso no es más que otra forma de violencia, de acoso.

Una suerte esas mujeres que dicen sentirse a salvo del machismo y que a veces reniegan del feminismo o lo califican de exagerado; sabed que sois una minoría casi imperceptible.

Es un camino largo que empieza en la escuela con una enseñanza en igualdad, porque sólo desde las aulas se puede reeducar lo que muchos niños viven en casa. Y continúa en el ámbito familiar. Debe ser un asunto de Estado. Y sí, con discriminación positiva, con leyes, con dinero, con normas, con vigilancia y con el convencimiento de que el machismo, venga de cerebros masculinos o femeninos, debe ser excluido, discriminado, denunciado. El machismo debe ser repudiado. Porque esto, me temo, será una guerra eterna.

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