Dios bendiga a los gorrillas

Aparque usted el coche encima de una de las aceras del centro, a ver cuánto le dura

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El drama de la circulación malagueña sigue ocupando páginas de periódico y, lo que es más grave, haciendo de nuestra vida un procedimiento cada vez más complicado. No seríamos nada sin nuestra innata capacidad para desplazarnos, pero cada vez nos lo están poniendo más difícil. La provincia está sufriendo congestiones diarias en sus carreteras. Los coches de alquiler son como terrazas por la carretera. Cada vez hay más camiones por todos lados y pasan cosas del tipo «un vehículo se queda sin batería y provoca 6 kilómetros de retenciones». Las soluciones a todos estos problemas resultan frustrantes porque traen consigo la tragedia de la obra pública española. El último ejemplo lo tuvimos con aquella inolvidable inauguración del mojón. Ante problemas urgentes, el mensaje es que no nos pongamos nerviosos, la solución llegará dentro de cinco años. Si eso.

Aquí fue portada este fin de semana otro asunto, doméstico pero no por ello menor, relativo a la carencia de aparcamientos en zonas costeras de la provincia. Los días buenos de playa y todos los domingos se convierten en una exposición de salvajismo en punto muerto ante la vista gorda de la policía. Muchas plazas para minusválidos, pero a ver quién sale de una acera de estas en silla de ruedas. Entendemos hasta cierto punto que no se multe a saco a criaturitas que quieren venir a su chiringuito de confianza y no tengan donde aparcar, ni gratis ni pagando, pero habrá vecinos que consideren injusta la desigualdad de trato respecto al señero barrio central: aparque usted el coche encima de una de las aceras del centro, a ver cuánto le dura.

La revolucionaria dotación de aparcamientos del Ayuntamiento de Málaga ha ignorado un montón de puntos calientes. Poco se habla de lo que cuesta dejar el coche en uno de estos garajes públicos. A veces las máquinas se estropean porque no les cabe más pasta. El sentido de lo público que tienen algunos es muy peligroso. En el centro es casi imposible aparcar gratis, bien por la escuálida zona azul o por la prohibición de aparcar en calles cada vez más grandes reservadas a servicio oficial, a autobuses turísticos o a cualquier cosa que se les ocurra. Otro mensaje descorazonador: los ricos pueden aparcar en nuestra flamante red de aparcamientos municipales. La clase media, empobrecida por las multas, podrá desplazarse en bicicleta o en autobús -como el conjunto de ciudadanos sin carné, a los que a veces envidio-.

Hoy en día lo mejor que puedes hacer cuando buscas aparcamiento es seguir las indicaciones de un gorrilla porque ello implica la gratuidad del espacio disponible (no así la de la indicación). Por ello, si bien antes era un gremio denostado por la sociedad por estar frecuentado por toxicómanos, el ciudadano estima su presencia pese a que el 'mundo gorrilla' actual padece últimamente un serio problema de intrusismo profesional. Pero eso es otro tema. En fin. La semana que viene hablaremos del ciclismo.

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