Dinero sanitario

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El dinero no da la felicidad, pero ayuda a comprarla. Tanto tienes, tanto vales. Y aunque ricos que tuvieron las cajas de caudales llenas rebosar reciben ahora el olvido eterno en sus cajas mortuorias, mientras vivieron se dieron la gran vida y nadie les quitó lo bailado. Ya se sabe que no hay don sin din. Ante una buena Visa Oro pocas cerraduras se resisten. De eso, de oro en forma de euros, está escasa la sanidad pública española, que necesita como el comer una inyección de vitaminas económicas después de los bocados que la crisis le ha dado hasta comerse sus asaduras. Un informe elaborado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública mete el dedo en la llaga y deja al descubierto una herida con hemorragia. Los servicios sanitarios públicos, desde 2009, han sufrido una agresión cuantificada en una pérdida de entre 15.000 y 21.000 millones de euros en los presupuestos anuales. Ese recorte ha sido como una dentellada de tiburón hambriento y carnicero. Las 17 comunidades autónomas que forman este país llamado España - en el que unos quieren entrar saltando vallas y otros desean salir envueltos en la bandera de la independencia para no volver- han experimentado una reducción de los ingresos para la sanidad pública. Sin embargo, la diminución no se ha aplicado de modo homogéneo.

Andalucía está mucho peor que Navarra o el País Vasco, por poner un ejemplo. Los andaluces, cuya sanidad pública es la cuarta por la cola, lloran por los dos ojos y navarros y vascos solo echan lágrimas por uno. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero más lo son las discriminaciones. Si el presupuesto sanitario por cada ciudadano de Navarra es de 1.633 euros y de 1.632 por cada vasco, a cada andaluz le corresponden 1.106 euros, la cantidad más baja de las 17 autonomías españolas. Esa cifra es un dato irrefutable. Una realidad. No estamos hablando de percepciones ni de sujetividades. Con menos inversión por habitante no se puede pretender que haya un servicio inmejorable. Demasiado bien funciona la sanidad pública andaluza pese a sus carencias. Más con menos es imposible. Además de ocupar el farolillo rojo en el presupuesto sanitario per cápita, Andalucía es la que tiene menos camas hospitalarias públicas por cada 1.000 habitantes y la última en el número de médicos especialistas y de enfermeros. A los profesionales hay que levantarles un monumento. Gracias a su trabajo, que ejercen en condiciones peor que regulares, el sistema sanitario sigue, mal que bien, adelante. Si no fuera por ellos, estábamos más perdidos que el barco del arroz.

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