Dinero en efectivo. Fin de trayecto

Caminamos hacia una sociedad sin dinero en efectivo, no hay quien lo pare. Toca prepararse para el cambio si no queremos que nos pille el toro

Suecia, por su parte, también está dispuesta a erradicar sus coronas. Björn Ulvaeus, componente icónico del grupo musical Abba, es uno de los entusiastas más mediáticos después de que unos ladrones robaran en casa de su hija. «Por tu seguridad no guardes dinero en casa ni lo lleves encima», insiste Ulvaeus en sus declaraciones. Lo cierto, es que se han acostumbrado rápidamente y los pagos digitales están a la orden del día. No se permite pagar con dinero en el transporte público ni es habitual utilizarlo en comercios grandes, pequeños ni minúsculos. En mercadillos callejeros o en cualquier bar de ciudad o pueblo se puede pagar con tarjeta, incluso los donativos en las parroquias se hacen electrónicamente durante el servicio religioso. La app Swish permite hacer cualquier gestión de forma segura a través del teléfono móvil. En 2016, sólo el 1% de las transacciones comerciales se hicieron en efectivo. Las coronas suecas en circulación han caído drásticamente pasando de 106.000 millones en 2009 a 8.000 millones en 2016, informa Niklas Arvidsson, profesor del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo.

Con las operaciones financieras digitales tenemos constancia de todos nuestros pagos y cobros. Permite controlar lo que gastamos y tener una perfecta trazabilidad de donde ha ido nuestro dinero. Son rápidas, simples y seguras. Ciertamente, los peligros no desaparecen. Ahí están los hackers dispuestos a vaciar nuestras cuentas bancarias, los fallos informáticos, las situaciones de caída o colapso de los sistemas, incluso una hipotética, o no tan hipotética, quiebra de nuestra entidad financiera o que un corralito impida disponer de nuestros ahorros. A pesar de ello, el dinero está más seguro que tenerlo en la mesita de noche, debajo de una loseta o encerrado en una caja fuerte detrás del cuadro del salón.

Si desapareciera el dinero efectivo y utilizáramos exclusivamente medios electrónicos de pago, lo tendrían muy difícil las organizaciones delictivas, secuestradores, extorsionadores, defraudadores, narcotraficantes, proxenetas y un largo etcétera. Sería el golpe definitivo a la corrupción y a los negocios en negro. Cercenaríamos la economía sumergida por la que cada año Hacienda deja de ingresar unos 8.000 millones de euros, nada menos que el 28% del PIB español, concluyen Santos M. Ruesga y Domingo Carbajo catedrático de Economía Aplicada e inspector de Hacienda respectivamente.

Se ha propuesto eliminar los billetes de 200 y 500€ como lucha contra la corrupción, tenemos activo el pago telemático para que las empresas puedan autoliquidar a Hacienda y hemos prohibido las transacciones en efectivo superiores a 2.500€, pero poco es, a la vista de cómo tenemos en casa el panorama del choriceo.

Impulsado por el Foro de la Modernización y el Gobierno de Cantabria, a iniciativa de Cantabria Pago Digital, Suances se ha convertido, a finales de octubre de 2017, en el primer pueblo español libre de dinero y los comercios dejaron de exigir un gasto mínimo para poder pagar con tarjeta. Una experiencia piloto de cuatro semanas. Sus habitantes se sumaron a esta propuesta de pago exclusivamente digital y las autoridades otorgaron premios, en diferentes categorías, para las personas y establecimientos más activos. Una pionera iniciativa local que ha permitido valorar las posibilidades y problemas que supondría la eliminación del dinero contante y sonante.

Suecia y Dinamarca han sido los primeros en dar el paso y el resto vamos detrás. La facilidad, inmediatez y seguridad que ofrece el pago por el móvil es un arma demasiado poderosa para ser relegada. Los billetes acabarán siendo un recuerdo del pasado, cosa de coleccionistas y románticos. Las nuevas tecnologías están ahí, a nuestra disposición. El acceso a internet a través del ordenador, teléfono móvil o tableta se ha generalizado y tenemos las condiciones ideales para entrar masivamente en las nuevas formas de pago digital. Indudablemente, hay que avanzar en cuestiones técnicas, legales y prácticas. Tampoco tenemos precedentes, sólo algunas iniciativas aisladas y, por tanto, precisamos cautela. Más pronto que tarde, los billetes y monedas dejarán de circular. Las tarjetas de crédito terminarán corriendo la misma suerte y el todopoderoso teléfono móvil ocupará su lugar. La economía digital ha llegado arrasando todo lo que se le pone por delante. Caminamos hacia una sociedad sin dinero en efectivo, no hay quien lo pare. Toca prepararse para el cambio si no queremos que nos pille el toro.

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