EL DILEMA DE LA TORRE

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

La pelota está en el tejado de Francisco de la Torre. Y eso parece no gustarle. El alcalde deberá decidir antes de abril si desea volver a ser candidato a la Alcaldía de Málaga y aspirar así, a sus 76 años, a su sexto mandato. Así se lo ha transmitido su partido a través tanto del presidente regional, Juanma Moreno Bonilla, como del presidente provincial, Elías Bendodo: si decide volver a presentarse, tendrá el lógico respaldo de la formación popular. Es un secreto a voces que el PP deseaba un relevo coordinado con el primer edil e, incluso, la opción de que hubiera dejado la Alcaldía hace unos meses para dar visibilidad y tiempo a su sustituto (Elías Bendodo) para ganarse al electorado durante los dos últimos años de legislatura. Nada de eso ha ocurrido porque De la Torre pone en valor su compromiso con los ciudadanos de llegar, por lo menos, hasta el final.

El dilema al que se enfrenta De la Torre es si repite o no como candidato. En su contra tiene el hecho biológico de la edad (hoy tiene 75 años y a las próximas elecciones llegaría con 76) y las dudas sobre si tiene el ímpetu y la fuerza necesaria para impulsar una segunda etapa de crecimiento y desarrollo de la ciudad y suficiente capacidad dialogante para, llegado el caso, seguir gobernando en minoría y llegar a acuerdos tanto en la corporación municipal como en la Junta de Andalucía para desatascar proyectos tan importantes como el Metro, el Guadalmedina, la nueva Limasa o el urgente equipamiento sanitario de la ciudad. A su favor tiene sus ganas de continuar y el respeto ganado como artífice de la gran transformación de la ciudad.

A pesar de que su propia familia, con declaraciones públicas de su mujer, Rosa Francia, y el entorno del partido le recomiendan dar un paso atrás, De la Torre se resiste a tomar una decisión y se empeña en que sea el propio partido el que la tome por él. El alcalde corre el riesgo de que esta actitud pueda ser interpretada como una estrategia para tener una coartada y eludir su responsabilidad en caso de que sus resultados electorales mantengan el descenso que comenzó en 2015 y pierda más votos y concejales.

Desde su propio partido se le reprocha falta de generosidad por no facilitar un relevo tranquilo que ayude a su partido a seguir gobernando en el futuro. Y le afean que pueda llegar a anteponer sus intereses o deseos personales a los de su partido, como si pensara que con él termina el gran proyecto de Málaga, cuando, por ser justos, el despegue de Málaga comenzó antes de él, el día en que Celia Villalobos recogió con tino el testigo ya consolidado de Pedro Aparicio, y debe continuar con los próximos alcaldes, sean del PP, del PSOE, de Ciudadanos o del entorno de la izquierda. Incluso desde sectores conservadores de especial relevancia en la ciudad le han transmitido el temor de que la falta de coordinación en la sucesión pueda provocar que el PP pierda la Alcaldía en favor de la izquierda.

Francisco de la Torre ha sido un grandísimo alcalde, con prestigio reconocido en la ciudad y fuera de ella por la enorme transformación de Málaga y por su incansable dedicación. Y merece salir por la puerta grande, disfrutando del agradecimiento ciudadano e institucional. Sería un triste epílogo que el adiós viniese precedido de una derrota electoral o de un estancamiento definitivo de su gestión. Son un hecho las dificultades de De la Torre para hacer equipo, su elevado personalismo -es alcalde pero ejerce además de concejal de Urbanismo, Medio Ambiente, Fiestas y, si se tercia, director del distrito de Campanillas- y las grietas con algunos de sus concejales. Es, realmente, un dilema complejo. Y más aún porque él y el PP parecen dar por hecho la victoria en las próximas elecciones, a pesar de que en los últimos comicios la candidata socialista María Gámez tuvo opciones de configurar una mayoría de izquierda hasta que el escrutinio iba por el 80 por ciento y se quedaron a un sólo concejal del objetivo. Aquello debería entenderlo el PP como una llamada de atención. Le votaron 83.000 malagueños, pero también hubo 125.000 que optaron por otros candidatos.

La trayectoria electoral de De la Torre ha sido bastante sólida hasta 2015. En 2000 llegó a la Alcaldía en mitad de la legislatura sucediendo a Villalobos, que se marchó a Madrid como ministra de Sanidad. Entonces, De la Torre recibió un legado de 19 concejales y el 56,72 por ciento de los votos, un récord histórico aún no superado. En las siguientes elecciones, las de 2003, De la Torre revalidó la mayoría absoluta de Villalobos aunque con 17 concejales y un 49,9 por ciento de los votos. En 2007 repitió esos datos (17 y 51 %) y en 2011 alcanzó sus mejores resultados, con 19 concejales y un 53,4 por ciento. En 2015 sufrió una importante caída, perdió la mayoría absoluta y quedó con 13 concejales y el 36,4 por ciento de los sufragios. En esas elecciones resistió la debacle popular y se convirtió en el alcalde del PP más importante. De hecho, hizo una campaña muy personal 'Con Paco de la Torre, sí' intentando desligarse del partido. A pesar de ello culpó al PP de sus malos resultados e incluso al propio Bendodo por ir de número dos en la lista; unas excusas difíciles de entender. Las elecciones de 2019 son, por tanto, una incógnita si se tiene en cuenta el desgaste lógico de Gobierno, el desgaste de De la Torre, el desgaste del propio PP y el supuesto ascenso de Ciudadanos.

Pocos podían imaginar en 2000 que aquel concejal de Urbanismo gris, austero en sus ademanes, independiente, procedente de UCD y con pocas dotes para las relaciones sociales se convertiría en el mejor alcalde de Málaga y, sobre todo, con un perfil de enorme popularidad y con la obsesión del contacto personal con los ciudadanos y de la omnipresencia en la calle.

Han sido muchos, variados y pintorescos los intentos del PP por coordinar con De la Torre su relevo, con diferentes alternativas bendecidas, incluso, por el presidente nacional, Mariano Rajoy. Embajadas, organismos internacionales, instituciones españolas dentro y fuera del país, escaños en el Congreso... Por diferentes razones, algunas de ellas por limitaciones de edad, ninguna ha cuajado y De la Torre se encuentra deshojando la margarita.

Si se presenta, llegará a las elecciones con la necesidad de presentar un nuevo programa para la segunda transformación de la ciudad con el lastre de una legislatura casi en blanco en la que, con suerte, podrá presentar el comienzo de las obras de la peatonalización de la Alameda y muchos cabos sueltos en el Astoria, el Metro, Guadalmedina o Limasa. Si decide dar un paso atrás, se marchará con tristeza pero con un reconocimiento unánime y merecido a su labor. De la Torre será siempre un magnífico embajador de Málaga y del municipalismo y podrá seguir trabajando seguro, ahora o cuando llegue el momento, desde otros frentes en estas sus dos pasiones políticas.

Es muy difícil irse. Y más difícil aún es saber cuándo y cómo hacerlo. Les ocurre a las estrellas de fútbol. Unas se van dejando admiración y un vacío entre los aficionados. Otros, en cambio, entre los pitos del estadio. De la Torre se merece hacerlo pronto y con todos los honores.

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