Lo difícil es mantenerse

Carta del director

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Todo el mundo sabe que lo difícil no es llegar sino mantenerse. Lo dicen, además, deportistas, artistas, empresarios y otras muchas personas que han sabido llegar y han experimentado lo complejo que es mantenerse. Algo parecido podemos decir de Málaga. Es una realidad que la ciudad vive un momento de esplendor; está de moda y basta hablar con personas de fuera para escuchar elogios. Todo el mundo quiere venir a visitarla. Y no es de extrañar.

Podemos concluir que Málaga ha conseguido atraer la atención y convertirse en una ciudad con muchos atractivos, en la que muchos quieren pasar un fin de semana, vivir, estudiar o trabajar. Y no sólo se ha transformado para los visitantes; también para los residentes, que podemos disfrutar de una mayor oferta de ocio o aprovechar oportunidades de negocio.

¿Se puede hablar entonces de éxito? En mi opinión, sí. Sin embargo, es preciso hablar de algunos matices. Lo importante no ha sido llegar hasta aquí, a una espectacular transformación urbana. Ahora lo importante es mantenerse y acertar en la toma de decisiones que garanticen que Málaga no muera de éxito y que evite que sea una ciudad incómoda, especialmente para los que trabajamos y vivimos en ella.

Los regidores de esta ciudad deben escuchar las señales que, cada vez con más insistencia, se escuchan. La masificación del centro histórico, los riesgos de gentrificación en el propio casco antiguo y barrios colindantes o los problemas de movilidad son síntomas a tener en cuenta si, de verdad, se quiere una ciudad más habitable, sostenible y amable para sus ciudadanos.

El alcalde, Francisco de la Torre, ha hecho hasta ahora una buena gestión, pero se equivoca si cree que lo importante ha sido llegar hasta aquí. Es evidente que la gestión ha sido brillante, pero el verdadero reto es administrar con tino y determinación este éxito. Ahora es cuando la ciudad debe tomar decisiones estratégicas, cuando debe pensar a largo plazo, cuando, como ocurrió con el desarrollo del paseo marítimo de la zona oeste o la integración del puerto en la ciudad, han de sentarse las bases del futuro desarrollo.

Y al igual que hay un murmullo sobre ciertos riesgos e incomodidades, es palpable una sensación de estancamiento en la gestión que es preciso solucionar. El mayor y mejor legado de De la Torre como alcalde sería dejar la ciudad preparada para otros 20 años y contribuir a la continuidad del éxito. Sería un error que pensara que su responsabilidad concluirá cuando, llegado el momento, entregue la vara de mando.

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