Todos los días carnaval

La mera posibilidad de que haya carnaval durante las navidades o en pleno verano resulta de por sí terrorífica

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El otro día escribía Juan Francisco Ferré en boca de un amigo que el carnaval existe para que el resto del año pensemos que la realidad no es un carnaval, y yo estoy muy de acuerdo con los dos porque viene siendo innegable que todos los días tenemos una ración de carnaval. Por un lado en formato de permanente desfile de las miserias humanas, pero tampoco hay que renegar de una pulsión muy nuestra por el divertimento y el sentido del humor. Celebramos fiestas paganas casi todos los fines de semana, y todos hemos sufrido etapas de desfase en nuestras vidas en las que todos los días había carnaval.

Esta ha sido la propuesta de la fundación responsable de la comparsa ante la pérdida de más de 40.000 seguidores: montar un carnaval infinito, sacar el desfile de las fechas en las que toca y plantárnoslo en nuestras caras durante el resto de los días para que entre con sangre. Esta delirante idea pasa por 'tomar las calles' e incluye la puesta en marcha de una especie de una sorprendente 'casa o museo del carnaval', una pantomima pagada seguramente con dinero público y que es lo último que nos faltaba ver. Ni siquiera Cádiz tiene una infraestructura parecida. Esta chorrada abominable de extender el carnaval ha sido la propuesta del director del cotarro ante el bajón de seguimiento de unas fiestas que aquí casi nadie ha celebrado jamás, y que llegaron a nuestras vidas como llegó Halloween, casi sin darnos cuenta. Un día de nuestra historia reciente, de repente, en Málaga había carnaval.

Nótese que no tenemos en principio nada en contra de esta celebración, pero rogaríamos que no nos la vendieran como una tradición. En este caso, más que de una costumbre se trata de un 'remake' que ya abarca 29 días al año, la reconstrucción imperfecta de una tradición aupada por la fuerza, desde arriba, y que ahora y nunca mejor dicho quieren disfrazar como algo propio en una manía que sugiere que en Málaga tenemos que tener de todo durante todo el tiempo. Junto a este levantamiento, un resplandeciente 'lobby' se nos echa por todo lo alto como si no tuviéramos bastante con hosteleros, cofradías, peñas, turistas, feriantes y demás. Ya consiguieron prolongar la iluminación de la calle Larios para desconcierto del personal, que se preguntaba qué hacían las luces de Navidad funcionando en febrero. Muchos se han enterado de que en Málaga se celebraba el carnaval porque estaban allí las luces.

Poner límites y cuidado a las cosas es en realidad la mejor garantía de su continuidad. Nadie está diciendo que se acabe el carnaval, al contrario: que siga la fiesta, pero plantear una movida carnavalesca durante todo el año para 'recuperar el interés de la gente' es una medida muy loca y desesperada. La posibilidad de que haya carnaval durante las navidades o en pleno verano resulta ya de por sí terrorífica. Y lo que da más miedo de todo esto es que puede convertirse en realidad, que algunos se lo han tomado en serio.

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