Días sin alma

El sitio de mi recreo

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

La vida no es un error. Es un discurrir con sujeto, la historia que siempre se merece un predicado. No es un accidente que obliga, es la puerta que se abre. En estos días de luz en la calle y frío en el cuerpo, de trabajo con resaca y mensajes en el móvil, el odio segó la vida de Víctor Laínez. La historia de este suceso no es agradable, ni dulce, ni navideña, pero es real. Su presunto asesino, Rodrigo Lanza, por la espalda y de forma cobarde, le propició un golpe mortal con un sillín de una bicicleta en su cabeza. Laínez cayó al suelo inconsciente, y por si no hubiese sido suficiente el traumatismo que había recibido de forma tan cruel, tuvo que soportar las patadas en la cabeza de su agresor, que le causaron heridas tan importantes que acabaron finalmente con su vida. Todo ocurrió en la noche del pasado 8 de diciembre, en la calle Heroísmo de la capital aragonesa, en el bar El Tocadiscos, cuando España dormía.

Desde un primer momento supimos que éste había sido un asesinato vil, cobarde, execrable e injustificable. Una muerte gratuita, por odio al que piensa diferente. Víctor Laínez, en el uso de su libertad, vistió esa noche unos tirantes con los colores de la bandera nacional. Según sus amigos le hacían sentirse orgulloso, el mismo sentimiento y dignidad que sintieron los miles de españoles que salieron a las calles con su enseña nacional o la colgaron en sus casas en estos meses que hemos vivido de desprecio a todo lo relacionado con España. Rodrigo Lanza, personificación del odio y de la intolerancia, poseía ya antecedentes penales. En el pasado agredió también brutal y cobardemente a un policía catalán al que dejó gravemente herido y con secuelas para toda su vida. Por este suceso fue condenado a varios años de prisión. En aquel momento, buscó y encontró refugio entre los suyos, un grupo antisistema de ideología totalitaria y supremacista de extrema izquierda, bastante conocido en Cataluña.

Fue nauseoso observar como al día siguiente la mayoría de medios de comunicación templaban gaitas con la gravedad del suceso, y escribían al dictado de lo políticamente correcto, con miedo y desproporción contra la víctima. Una burla a la obligación del periodismo libre con la defensa de la verdad. En el arco parlamentario, a excepción de Albert Rivera, la condena inicial fue también tibia. ¿A qué sociedad representan la mayoría de nuestros políticos y sus terminales mediáticas? Ambos sólo variaron el guión de su discurso cuando conocieron el aplastante y clarificador auto de la jueza de Zaragoza con el que mandaba a prisión al presunto asesino.

No quiero vivir en una España en la que hay días sin alma y se discrimina construyendo categorías entre las víctimas. Descanse en paz Víctor Laínez, que fue asesinado sólo por ser español.

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