Diana y Rocío

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El fin trágico de Diana Quer recuerda con espeluznante coincidencia el de Rocío Wanninkhof, la joven de la Cala de Mijas asesinada en 1999. El paralelismo no está solo en el perfil de las dos jóvenes de 18 años, con toda la ilusión por delante, que una tarde se toparon con un depredador sexual que les arrebató la vida. Está más bien en los dos hombres que las mataron: Mentiroso, agresivo, sin sentimientos afectivos, egocéntrico, frío... Así describían los psicólogos a Tony King. Parecidos calificativos que los agentes atribuyen a 'el Chicle', el asesino confeso de Diana.

Y «reincidente», remarcaron los psicólogos durante el juicio contra King. Lo mismo puede decirse de José Enrique Abuín. También ha sido cazado por volver a la escena del crimen, por intentarlo de nuevo, aunque afortunadamente esta nueva víctima pudo escapar y contarlo. Sonia Carabantes no tuvo la misma suerte. King la mató como a Rocío en otro camino a casa cuatro años después. Un crimen que se pudo evitar. En ese tiempo, el 'caso Wanninkhof' alcanzó el demérito de convertirse en el mayor error judicial y policial conocido. Dolores Vázquez fue condenada a prisión por un asesinato que no había cometido.

Hay otros puntos de conexión, como el papel de la mujer de 'el Chicle' y la exmujer de King para dejarles sin coartada. Es muy difícil entrar a valorar cómo debe reaccionarse al sospechar que vives o te relacionas con un asesino. Seguramente prevalezca el deseo de que la verdad no sea tan triste.

En los dos casos hubo interferencias de historias despechadas del corazón de los familiares de las víctimas, que algunos medios airearon como si de un 'reality show' se tratara. Es aquí donde cabría una reflexión sobre el papel de los medios en casos como los de Diana y Rocío. Tanto en el 'caso Wanninkhof' como en el de Diana Quer predominaron juicios de valor y especulaciones por doquier.

Para reflexionar bien, habría que empezar por analizar por qué se pone el foco desmesurado en estos casos de desaparecidos (chicas casi adolescentes-víctimas de depredador sexual) y no en otros. Hay más de 4.000 desapariciones no resueltas desde 2010, de las que 1.655 son de Andalucía, entre ellos menores y jóvenes, según datos de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSD.

La propaganda mediática puede contribuir a pistas para resolver los casos. Las familias desesperadas acuden a los medios con este fin, pero no siempre estos responden con el mismo interés. En muchas ocasiones se trata solo de estirar el chicle del morbo para ganar cuota de pantalla. El de Diana ha durado 500 angustiosos días para su familia. Ahora merecen descansar en paz.

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