Desventajas de viajar en tren

El tren barato se llamará EVA porque uno de los grandes rasgos del bajo coste es la posibilidad del tuteo

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Coger un tren es una de las experiencias más gratas de un pasajero porque cuando funciona bien es sin lugar a dudas el mejor medio de transporte posible. Para empezar permite disfrutar del trayecto, que es una de las características que distinguen al viajero del turista. Es silencioso, normalmente seguro y cómodo. Ecológico. Quizás no tanto como pasear, nadar o montar en bicicleta, pero limpio y rápido como tantas otras cosas buenas. Tiene otros atractivos estupendos, entre ellos toda una barra en la cafetería en la que poder departir con otros peregrinos. Es además en sí mismo una fuente de inspiración porque en los trenes pasan cosas, que es un factor indispensable para que se produzcan acontecimientos. Una vez en un festival de música pillaron a un dj muy famoso pinchando con unos auriculares de Renfe. Por lo visto había perdido su equipaje, por supuesto en un avión. Los vagones silenciosos son una feliz idea aunque entonces nadie que se siente a tu lado te puede contar su vida, y eso ya es menos novelero. Antonio Orejudo empezó así un libro que siempre recomiendo y se llama 'Ventajas de viajar en tren', que es una fabulosa aportación al filón que ha dado este señero medio de transporte y la literatura ferroviaria.

A sabiendas de que uno de los grandes inconvenientes o hándicaps de viajar en tren en España es su precio, Renfe empezará a rodar el año que viene una flota de trenes baratos que se llamará EVA, porque uno de los grandes rasgos del bajo coste es la posibilidad del tuteo. Además costará una media de 60 euros por trayecto, un precio que todavía nos resulta redondo aunque para algo de bajo coste nos sigue pareciendo caro. Claro que aquí no se habla de 'low cost' sino de 'tren inteligente', que queda muchísimo más 'cool'. Siempre resultó más lúcido tratar de unir las ciudades mediante trenes de alta velocidad que construir aeropuertos sin aviones, aunque hay un ministro listísimo que mandó construir las vías en forma de eses para que pasaran por las fincas de sus amigos.

Para que no nos creamos demasiado lo de las ventajas de viajar en tren y lo situemos en el espacio de la fábula nosotros tenemos el Cercanías que, como alguien sabio escribió, en Málaga es más bien un tren de lejanías. El que va a Fuengirola acumula todo lo peor que puede esperarse de la obra pública, y la vieja reivindicación de un convoy que llegue a Marbella o incluso a Nerja se disuelve en las promesas y bulle en las críticas y en el mal humor. Lo peor de todo es que ni siquiera las promesas tienen la virtud de resultar prometedoras cuando se inclinan por un lavado de cara del Lejanías que alargará el viaje de Málaga a Marbella hasta más de una hora y cuarto, con suerte, y parando hasta en los estancos. Los expertos no se ponen de acuerdo. Los políticos alargan el chicle. Lo único que tenemos son palabras que no nos llevan a ningún sitio.

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