El día después

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Todo tiene su día después. No solo el 1-0. Tiene su día después: el día de la boda, de la comunión, del bautizo. Está el día después de salir de casa de tus padres, tras separarte o de volver al desempleo. Días después hay muchos y para todos los gustos: el que sigue a la fiesta, al cambio de vivienda o a la vuelta al trabajo. El que va detrás del día de playa, de cama o de juerga. Hay días tantos como vividos. Algunos toman el testigo de manera muy significativa: me refiero al día después de la muerte de cada uno. Ese día en que tus familiares y amigos, conocidos y enemigos penan o festejan tu fallecimiento.

Hay días anodinos y extraordinarios. Algunos llenos de decepción y otros de ilusión; algunos repletos de vida y otros de soledades; algunos desbordantes de proyectos y otros agonizando en la desgana, con encefalograma plano. El futuro implacable es el gran aliado del día después. Instalados como estamos en esta vida, pocas veces pensamos en el futuro, nos acogemos al mantra «es lo que hay», «que todo fluya» o «déjate llevar», para vivir aquí y ahora.

La vida es lo que vivimos en concreto más allá de las reflexiones más o menos piadosas, intelectuales o filosóficas. Para muchos el futuro es una mera posibilidad y nunca algo presente. Sin embargo, guste o no, el día después está ahí a las mismas puertas del presente, se trata de un juego de agujas de reloj. Cada momento tiene componente presente y futuro con avaricia instantánea. Precisamente por eso hay que cuidar el hoy y su proyección. Porque mirando impacientemente el futuro puede perderse el presente y mirando impacientemente el presente puede perderse el futuro. Atención por tanto a lo que hagamos. Porque todo atraviesa en este momento un mar de interrogaciones: cultural, política o religiosamente hablando. Intentemos caminar junto a quien pueda enseñarnos palabras sabias y miradas bellas. Siendo muy difícil viajar en solitario, porque nos podemos perder, es urgente buscar la verdad futura que alberga el interior de nuestro ser y alejarnos de las mentiras atractivas y fáciles. Creamos y sospechemos a la vez, día a día. Y en este complejo camino tengamos presente a la plural España que también tiene cada día su día después. Mucho ha costado labrar un presente democrático y mucho más le está costando mantenerlo sin fisuras.

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