La rotonda

Desolación

JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Después de una semana de vértigo, con acontecimientos que han puesto patas arriba a este país, tras ser volteada la historia por la primera moción de censura saldada con éxito en esta democracia tan anhelada en gran parte del siglo XX y tan denostada por algunos en el XXI, el deporte malagueño va a contracorriente y parece caminar a gatas en el inicio de su andadura de la temporada venidera. La afición vive con angustia el entumecimiento que sufren los dos clubes más representativos de la provincia en las dos especialidades que más pasión desatan. Todavía hoy se pone en duda por ignorantes de la causa que son demasiados los corazones que laten al ritmo de los colores de sus equipos. Aunque por motivos distintos, y razones bien diferenciadas, el Málaga y el Unicaja andan varados en un mar de dudas, sumidos en la confusión, angustiados por la incertidumbre.

El primero está descabezado de facto porque su máximo responsable y dueño se encuentra a miles de kilómetros de la capital de la Costa del Sol y con la desidia como compañera de este viaje a ninguna parte; el segundo anda atribulado por un cambio de planes que frustra su presente. El fútbol y el baloncesto son los hacedores de la diversión por antonomasia en una tierra huérfana de éxitos continuos. Aquí nos conformamos con poco porque son contadas las alegrías deportivas. Aun así, es inadmisible que un mes después del amargo descenso a Segunda, el club de La Rosaleda no haya emprendido con ímpetu el camino del regreso a la élite con una planificación acorde a su ilusión por superar cuanto antes este trance que ya se repitió una década atrás. Por otro lado, resulta cuanto menos curioso que la entidad de Los Guindos se desarme tan pronto, moralmente hablando, cuando al primer contratiempo se encuentre desorientado. Depender de otros tiene eso, y no tener las ideas claras también contribuye, evidentemente.

Aunque sean casos bien distintos, es descorazonadora la situación tanto del Unicaja como del Málaga a estas alturas de junio. A una semana del comienzo de un nuevo Mundial de fútbol con España entre las aspirantes a lograr la estrella que reivindica un título de un prestigio sin parangón, andamos los malagueños como el tiempo, despistados, desubicados, confundidos entre estaciones que aquí habitualmente soslayan las penas. Esperemos que por fin llegue el verano y recuperemos la ilusión perdida por la trayectoria reciente. Ahora mismo solo tenemos fresco y desolación.

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