LA DESOBEDIENCIA CIVIL TOMA CARTA DE NATURALEZA

La situación en Cataluña exige una reconsideración por parte de todos

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

El referéndum del 1 de octubre en Cataluña no fue legal. Ni se dio el marco jurídico ni las condiciones técnicas para que lo fuera. El recuento fue discutible y el porcentaje de participación difícilmente cuantificable, pero el grado de desobediencia civil demostrado, que continúa, exige reconsiderar la situación, sin líneas rojas trazadas de antemano.

Una parte muy significativa de los catalanes entonaron el domingo el «no pasarán», otros con su lógico rechazo a bendecir la consulta se negaron a depositar su papeleta en unas urnas que muy poco podían garantizar. Otros más, también tropel, se refugiaron en el silencio. Pero si no todos, una gran mayoría continúa dispuesta a no obedecer. Y este es el reto más preocupante.

Hoy en Cataluña no para de crecer el número de los que están dispuestos a afrontar penalidades en busca de un objetivo utópico que, tarde o temprano, se demostrará penoso. Pero la sacudida ha sido tan enorme que ya no valen los remedios habituales ni, por supuesto, los mismos interlocutores.

La violencia practicada por los cuerpos de seguridad del Estado se ha situado como protagonista del relato. Usaron la fuerza de manera desmedida, ha denunciado Amnistía Internacional, y los Mossos evidentemente exhibieron un trato en exceso complaciente. El cruce de denuncias no ha hecho más que comenzar, pero la deriva de la Justicia toma su tiempo y la desobediencia civil toma carta de naturaleza en la autonomía catalana, mientras se proclama como un valor indiscutible.

La huelga general anunciada para hoy ha encontrado graves reticencias en los dos sindicatos más potentes, UGT y CC.OO. Pero el alcance de su seguimiento será otra toma de la temperatura que alcanza la insumisión. Y no digamos la prevista declaración unilateral de independencia que puede aprobar en breve el Parlament, una vez que el Gobierno de Puigdemont diera como «válidos y vinculantes» los resultados del domingo.

Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, ha interpretado el sí a la independencia como el rechazo a lo mucho que España puede ofrecer al mundo desde una articulación «de unidad y pluralidad que tan pocos países han sabido engarzar». Pero éste no ha sido el discurso predominante de la Marca España, como tampoco la defensa de los valores federales y de los estímulos que provocan las diferencias.

El independentismo ya ha avisado que el domingo fue solo el comienzo, a menos que la necesidad de pactos empiece a actuar con total urgencia. El reto se dirige también al Partido Socialista y ahí Pedro Sánchez podrá emplearse a fondo. La defensa del Estado, con ser importante, no ha de relegar las demandas de los ciudadanos.

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