Deslucido arbitraje

MARTÍN NAVARRETE

Un partido que tiene el comienzo que tuvo el de ayer no ayuda para el lucimiento de la labor arbitral. Del Cerro Grande tomó una valiente decisión en el minuto dos del encuentro al determinar como penalti el derribo de Luis Hernández a Muniain, que, además, de acuerdo con lo establecido de ser amonestado al producirse el derribo en disputa del balón. Forma parte el madrileño del grupo 'top' del arbitraje español, con muchas condiciones óptimas, sin embargo, el encuentro no fue propicio para mostrar todas estas condiciones por lo trabado del mismo.

La muestra de rigor que ofreció a lo largo del partido fue su mejor condición. Tuvo pequeños desajustes interpretativos, todos en acciones sin repercusión e incidencia grave en el resultado del encuentro. Interpreta adecuadamente la acción sobre Muniain en el penalti, acierta en la acción previa al segundo gol del Athletic, las protestas de Kuzmanovic no se justifican y atina también en la expulsión del internacional serbio, que pudo ser roja directa al lanzarle el brazo al cuello a Córdoba. Resolvió esto último con amarilla y las protestas justificaron la roja.

Los criterios desiguales que mantuvo en el control del juego fueron los peor de su trabajo. Interpretó algunas acciones intrascendentes en el juego y poco contundentes en la fuerza con una severidad nada justificable. Con las tarjetas estuvo deslucido. Debió mostrar alguna que otra más, y sin embargo sí que mostró otras que no la merecía. Amonestó a Bastón por supuestos movimientos de brazo, a Ricca por la protesta de la falta de Kuzmanovic, a Recio y Laporte por la tángana que se origina a la raíz de la expulsión, además de a Rosales y Aketxe.

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