Deshojando margaritas

FRANCISCO MOYANO

NOS pasamos la vida eligiendo entre diferentes opciones, deshojando posibilidades, deshojando el propio tiempo cuyo paso percibimos acelerado a medida que cumplimos años. La ciudadanía de Marbella, que para los políticos constituye 'un conjunto', ha permanecido unos meses expectante sobre la decisión que el Consejo Consultivo de OSP debía adoptar sobre la continuidad o ruptura del pacto de gobierno; incumpliendo los plazos que se esperaban, porque nada se había señalado a priori, terminaron por elegir la continuidad, aunque con resultados bastante igualados entre las dos opciones. Puede pensarse que dentro de OSP existen dos sectores con criterios muy diferentes, aunque, de momento respetando la unidad. Hay quien asegura que las dos facciones se concentran en torno a Manuel Osorio y Rafael Piña. De cualquier forma, la decisión tomada parece que fortalece a un partido tan atípico como el sampedreño y, de paso, consigue beneficios en presupuestos, personal y autonomía política para San Pedro. Las declaraciones de todos los protagonistas del renovado acuerdo hacen suponer que los intereses generales del municipio quedarán por encima de contingencias y concesiones. Otro aspecto ha quedado muy claro: OSP y Podemos son como el agua y el aceite. Parecía que esta era la única margarita para deshojar este verano, pero, tras meses de desencuentro, en puertas del pasado fin de semana, la organización del Festival Starlite, mediante un contundente comunicado, amenaza con finalizar su relación con Marbella y trasladarse a otra localidad. Precisamente poco antes el alcalde, José Bernal, mostraba su apoyo a Starlite, siempre que se cumpla la legalidad; parece una obviedad: ninguna instancia pública puede apoyar algo al margen de lo que señala la ley. Llama la atención el fulminante deterioro entre Starlite y el Ayuntamiento producido en poco más de un año, porque no podemos olvidar que el Consistorio concedió a la organización la medalla de la ciudad; concesión que fue criticada desde diferentes sectores; la misma organización que ahora amenaza con demandar judicialmente al Ayuntamiento. Seguramente para haberse llegado a la situación actual las responsabilidades habría que repartirlas y algo tenemos muy claro: esto nunca ha sido un matrimonio por amor, sino de conveniencia. Es cierto que la publicidad para Marbella, a lo largo de seis años, es un aspecto impagable; un sello de prestigio que ha venido a acrecentar la marca Marbella, pero también es cierto que la organización de Starlite eligió Marbella, y no 'Matalascabrillas del Marqués', precisamente por la potente repercusión mundial de la ciudad y la garantía de éxito, además del marco, que en esta ocasión hace realidad el tópico recurrente, incomparable de la Cantera de Nagüeles. Apenas conocerse la noticia, se produjo una movilización social, sobre todo de trabajadores, para pedir al Ayuntamiento que evite la marcha de Starlite. No cabe duda de que lo ideal sería su continuidad y para ello nada peor que las pataletas o las amenazas, sino el diálogo, siempre desde la legalidad y sin la petición ni concesión de privilegios que no casan con la ley. Creo que es un sentimiento generalizado que sería una mala noticia que el divorcio terminase por adquirir firmeza, al tiempo que la continuidad de Starlite resultaría muy positivo. Se trata de la capacidad de diálogo, de las voluntades, de sopesar los pros y los contras, y de decidir con serenidad y sin prisas. Si finalmente, la ruptura se consolida, la ciudad seguirá adelante y seguramente otras iniciativas llegarán; cabe recordar que sobrevivimos a los años noventa y primeros del siglo XXI y aquello sí que era un barrizal en toda regla. Y bajo el calor húmedo, muchas veces sofocante, vivimos, un verano más, la masificación de la ciudad, personas y automóviles que ponen a prueba la paciencia y que, a veces, nos provoca el deseo de huir del 'mundanal ruido'. Cabe la recomendación de dejar la prisa en casa, salir con mucho tiempo de antelación y poner una vela a Santa Rita en caso de tener la osada pretensión de conseguir un taxi.

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