Desastre mundial

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

El desasosiego me aterra, el miedo me jibariza. Temo que estas líneas se vuelvan vacuas por mor de la actualidad, que lo envuelve todo a ritmo de vértigo. No hay momento de respiro, instante alguno de tranquilidad. Como periodista disfruto de días como el del pasado miércoles, como actor de la contemporaneidad me horroriza no estar a la altura que la realidad requiere por temor a que se quede añejo cualquier comentario o análisis sobre la situación. Pero es que además resulta que la vorágine informativa roza lo inverosímil, por inédito e inexplicable. En quince días de junio hemos asistido a acontecimientos que ni los más viejos del lugar vivieron, y eso que llevamos unos cuantos años de sobresaltos. Pero las últimas horas han sido apasionantes, todo sea dicho, pues que un ministro dure solo seis días es algo excepcional, y además que la dimisión sea a causa de un tema fiscal raya lo extraordinario. Ya sabemos que lo concerniente al bolsillo provoca unanimidad general, por aquello de que Hacienda somos todos, pero el fraude está a la orden del día de unos pocos.

¡Y qué decir del fútbol! ¡Y en puertas, además, de un Mundial! Lo nunca visto. Cuando algo empieza mal suele terminar peor. El fichaje de Lopetegui por el Real Madrid es un canto a la sinrazón, pero que el presidente de la Federación lo expulse de la concentración a dos días del debut es un desastre mundial, sobre todo cuando Rubiales esboza motivos que suenan a cabreo rebozado por orgullo y vanidad que no deben consentirse en tan alto cargo. Si damos por descontado que al final son los jugadores las piezas fundamentales del juego, como este año se ha demostrado tanto en el Madrid y su desidia liguera, como en el Barça y su desastre europeo por exceso de confianza, la importancia del seleccionador es relativa. Una cosa es que todos los actores de esta película se hayan equivocado de papel, y otra es desmantelar a un equipo con la ilusión que había para este Mundial. Pero como no hay mal que por bien no venga, nos hemos encontrado de sopetón con que un malagueño dirigirá a España. Fernando Hierro tiene personalidad propia para conducir a la selección al éxito, pese a su falta de experiencia en los banquillos.

Ocurre igual en el Ministerio de Cultura, que Pedro Sánchez resbaló con los experimentos y ha tenido que enderezar el rumbo y darle la confianza a un gestor muy reputado en el sector, José Guirao.

De lo de Urdangarin mejor no hablar, vaya que cuando usted lea estas líneas esté en Ginebra, en Alcalá Meco o en la moderna cárcel de Archidona. ¿Se imaginan?

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