La derrota de sucesiones

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

La batalla política a cuenta del impuesto de sucesiones en Andalucía va a acabar más bien pronto que tarde y con una victoria que se querrán apuntar tanto Ciudadanos como el PP. La Junta ha intentado resistir con todo tipo de argumentos, los mismos que se le van a volver en contra cuando dé su brazo a torcer en la comisión técnica con el partido naranja.

La razón suprema de este cambio de posición es la necesidad de Susana Díaz de salvar la segunda mitad de la Legislatura. El acuerdo presupuestario para 2018 le dará oxígeno para los dos años que quedan, porque en caso de necesidad las cuentas se prorrogan y se llega al 19 sin problema. Pero como no elimine el impuesto de marras no hay apoyo de Ciudadanos, así que desde el minuto uno estaba claro que se quitará, o bonificará, o como se quiera calificar lo que, en fin, es un 'donde dije digo digo Diego' en toda regla. Lo demás son circunloquios, patadas adelante, a ver si con suerte las entregas a cuenta llegan el día 31 de julio y en agosto, que hace mucho calor y es el mes de convocar plazas de empleo público en diputaciones, por ejemplo, de esas que desaparecen de los tablones de anuncio en minutos, se da el paso definitivo para quitar lo que se ha llamado «el impuesto de la muerte».

Aquí se dan muchas contradicciones que bien podrían abochornar a variados próceres protagonistas de la diatriba. A los del PP, para empezar, por que este partido en Andalucía quiere quitar el impuesto pero a nivel nacional no da un paso para hacerlo. Es curiosa la gallardía con que los políticos pueden vivir sus posiciones «alternativas» sin que se les mueva un músculo. Al PSOE y a la Junta, también. Hasta un simulador web hizo la Consejería de Hacienda para demostrar que no es cierto que en Andalucía se pague más, además de querer devolver competencias, algo insólito y difícil de compadecer con la defensa a ultranza de la autonomía.

La presidenta de la Junta, que ha reconocido el peso y la victoria de la campaña de opinión contra el impuesto, «campaña de deslegitimación» dijo, también tendrá que compaginar esta medida con su intento de «giro a la izquierda», y para ello estarán Podemos e IU dispuestos a recordarle que, como ella misma ha llegado a decir, suprimirlo tal y como había quedado tras la última reforma sería beneficiar «a los ricos».

En fin, se hablaba de 400 millones de recaudación a cuentas de este capítulo. Una cantidad que, en el caso del objetivo de déficit del 0,3%, se consideraba un menoscabo «inasumible» para las cuentas públicas andaluzas. Con todo, es posible que de esto salga una corrección de los coeficientes catastrales que, quizá, beneficien a muchos al adecuar el valor del mercado baremos despendolados. Pero si quienes de verdad tenían que pagar sucesiones eran tan pocos, y tan ricos, y si nadie renunciaba a sus herencias por no poder pagarlas ni trasladaba por ese motivo su domicilio a Madrid, si la Junta estaba tan armada de razones, ceder será aún una derrota mayor.

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