La rotonda

Deporte y pasión

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

El deporte es inmisericorde e insensible en algunos aspectos, pues cada vez entiende menos de sentimientos y se acerca peligrosamente a pasiones desatadas que derivan, en muchos casos, en infortunio. Cuando no es la polémica que rodea esa decisión que enciende todas las tertulias de bar resulta que es la trifulca de radicales que ensombrece el arte más noble y la convivencia más pacífica; eso, si no viene un árbitro rumano de rugby y crea un conflicto a nivel internacional por su equivocada aplicación del reglamento en un partido en el que está en juego el Mundial y en su toma de decisiones perjudica a una selección, en este caso España, cuya derrota beneficia a otra selección, en este caso Rumanía, el país donde nació el colegiado. Cuanto menos sospechoso, con Bélgica, que no se jugaba nada, como vencedor cuestionado en un encuentro ya para la historia. El rugby no se merecía algo así.

Luego está la elección de fechas para acontecimientos deportivos. Hay personas que carecen de empatía. No parece acertado jugar en Semana Santa allí donde se vive con fruición estos días de pasión. El martes en Madrid se jugó un España-Argentina como prueba determinante de sus posibilidades para el Mundial de Rusia este verano (con Isco en plan mariscal de campo con mando en plaza), en Vitoria se jugó anoche un Baskonia-Maccabi que decidía una clasificación importante para el club y para la ciudad y hoy en Málaga el Unicaja se enfrenta al Olympiacos en un encuentro donde no hay nada en juego, pero en el que el calendario, caprichoso siempre, ha querido que sea el último de una Euroliga de sensaciones encontradas por la ilusión que despierta y la exigencia que demanda. Compatibilizar ambas cosas es el trabajo de muchas personas que no se merecen una despedida casi a ciegas a un torneo tan prestigioso.

Ojalá me equivoque y el Palacio de los Deportes Martín Carpena presente una gran entrada, pero mucho me temo que el aspecto de las gradas no será el ideal para una cita que a priori despertaba tantas emociones. Es una pena, pero en Málaga un Viernes Santo no es día de baloncesto, sino de procesiones. A partir de ahí, es verdad que en esta provincia hay gente de sobra para todos los eventos, pero igual que en meses anteriores ha habido semanas de doble jornada europea, se podía haber hecho un paréntesis estos días y apretar el calendario la próxima semana. Eso sería hacer las cosas bien, pero algunos se empeñan de ir contracorriente.

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