Delicatessen

Si no fuera por los guiris nuestra vida sería mucho más aburrida

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Ayer la presencia de Franco Battiato en Málaga podía sentirse a través de una niebla espesa que se instaló a mediodía en la ciudad. Él adora la niebla y los modernos le adoran a él, entre otras cosas porque ha hecho del pop algo sublime aunque a veces no le han entendido ni sus más acérrimos seguidores. Battiato ha introducido en sus canciones algunas de las letras más profundas y desconcertantes que jamás han podido escucharse. Las barricadas se alzan por cuenta siempre de la burguesía, que crea falsos mitos de progreso. Aunque llevéis perfumes y desodorantes, sois arenas movedizas, siempre hacia abajo. Superaré las corrientes gravitacionales, el espacio y la luz, para no dejarte envejecer.

La primera vez que le escuché en serio no fue, como apuntaban mis cánones, por una herencia italiana. Fue la periodista Olga Muñoz, una amiga queridísima que nos dejó para volver a su mundo y que al terminar una noche de las nuestras, después de una salida o de una película de Jeunet, ya no me acuerdo, me prestó una montañita de discos de Battiato. Spotify todavía no nos había salvado la vida. La tristeza es algo que se intuye como la presencia de un asesino en la niebla. Ahora sé que muchos de los que vayan a su concierto esta noche (por ayer) y otros que no han podido o querido venir se acordarán de ella, indefectiblemente, inyectando una dosis aún mayor de melancolía en una sangre que está empezando a ser cada vez un poco más espesa.

Pero no nos vayamos por los dramas, a la mierda el miedo, viva el sentido del humor aunque a veces sea negro y la capacidad para la autoparodia. Durante las próximas semanas estas columnas también van a tostarse al sol en un chiringuito como todo papel que se precie. Alguno de los 136.000 lectores diarios que tiene este periódico dejará caer goterones de aceite sobre estas páginas y las llenará de churretes. Como el título de una película, que es de los mejores: gotas de agua sobre piedras calientes.

El calor está siempre ahí mientras que la capital malagueña contradice al resto del mundo en una suerte meteorológica indecible. Hay veranos que empiezan en la feria de El Palo y terminan durante un concierto en la pista de tenis de un hotel de Marbella. Pienso en el odio que le tengo a la expresión 'ciudad de contrastes'. La temporada alta sigue provocando el desembarco de cruceristas, atascos cada vez peores, pequeñas invasiones sin importancia y un montón de música en directo. El agua del grifo hace tiempo que dejó de salir fría. Yo tengo la certeza de que si no fuera por los guiris nuestra vida sería algo muchísimo más aburrido. Desde el primer topless hasta ese último bañista que aparta con una fingida delicadeza las natas o una forma de caviar rosado que esta semana ha teñido el mar y nos ha sumergido a todos en la extrañeza.

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