Defender la verdad

Carta del director

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Lo que vino para hacernos más libres nos hace ahora más manipulables. Y, por tanto, menos libres. Las redes sociales -de las que soy usuario activo- tienen muchas cosas buenas, pero se han convertido hoy en una seria amenaza como instrumento de manipulación en manos de terceros. No hay que remontarse a las elecciones de Estados Unidos, en las que parece demostrada la injerencia de Rusia a través de Facebook o Youtube. Basta observar lo que ha ocurrido en Cataluña para darse cuenta del nivel de propaganda y mentiras difundidas a través de diferentes medios, desde TV3 a Twitter o Facebook. No hay que distorsionar el mensaje: el problema no son las redes sociales, sino el uso que se hace de ellas y las dificultades para contrastar y verificar la información.

Esa frase atribuida a Joseph Göbbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, adquiere una nueva dimensión en el entorno digital, donde una patraña puede propagarse a decenas de miles de personas, cuando no a cientos de miles o millones, en cuestión de segundos. Decía Virgilio que «no hay nada más veloz que un rumor». Y lo dijo cuando no existía Twitter. Ni Whatsapp.

'The Economist' asegura esta semana que 146 millones de personas recibieron mensajes propagados por Rusia durante las elecciones estadounidenses. Y detrás de esa campaña hubo, presuntamente, una sofisticada estructura, con máquinas capaces de lanzar miles de tuits a favor o contra cualquier idea. Las llamadas 'fake news' o noticias falsas son un verdadero problema que afecta directamente a las democracias y, por tanto, a la estabilidad de los Estados y sus sociedades.

Y si bajamos al mundo doméstico, empresas, profesionales o personas afectadas por comentarios, noticias, rumores, bulos o embustes diseminados por la red y dados por veraces por miles de usuarios.

Hoy es preciso andarse con ojo y elegir bien las fuentes de información. Es urgente, y diría que imprescindible, dudar de cuanto veamos, escuchemos o leamos antes de verificarlo. Bien a través de nosotros mismos o de medios o personas en las que depositemos nuestra confianza por su seriedad contrastada. Es triste, pero un amigo no es siempre una fuente fiable. Ni un profesor de universidad, ni un político, ni un periodista, ni un empresario.

Los medios -y también las personas- tenemos ese reto. Ser una fuente de información fiable, veraz y responsable. Responder de nuestros actos y poner en juego nuestra credibilidad. No contribuir a difundir falsedades o medias verdades, no dar pábulo al rumor. Al bulo.

Es lamentable ver las barbaridades que se escriben en la red y pensar que muchas de esas mentiras acaban teniendo apariencia de verdad, porque como decía Montaigne, «el reverso de la verdad tiene cien mil formas y un espacio ilimitado». Por eso es vital proteger y defender la verdad, denunciar a aquellos que la tergiversan y respaldar a quienes, con sus actos, sean medios de comunicación o personas, se ganan día a día el respeto y el honor de ser una fuente de información fiable.

Fotos

Vídeos