Declaraciones en Barcelona

No es posible edificar un sólido edificio nacional sobre el barro de la falsedad histórica, contable y argumental. No se gana al tenis sin raqueta ni el Tour sin bicicleta, aunque todo se pueda escribir

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

La democracia, con su estilo tolerante, respetuoso, ajustado a derecho y sin excesos de ningún tipo, produce la confusión en algunas cabezas pensantes de que éste es un estado débil, administrado igualmente por un gobierno débil. El empuje desnortado del infundado club secesionista hacia una pretendida ceremonia de aquelarre, el primero de octubre, pierde fuerza por momentos. Las posibles responsabilidades patrimoniales y dinerarias de los cargos llamados a protagonizar los chuscos actos preparatorios y la libranza de fondos para la celebración litúrgica de la rebelión, desaniman a los concursantes. La opereta no está a la altura y los ensayos no salen bien, pues está mal el sonido y aún peor el decorado. Los derrotistas -que siempre los hay- y algunos auténticos quintacolumnistas empiezan a murmurar cada vez más alto eso de: ¿pero cómo hemos llegado a esto?

«Una vez fui tan feliz que ya no quería pasar más cerca del barrio, que ya no quería volver a ver a nadie llorando, que decidí apartar de mí las calvicies y las caries y ya no quise pagar mi parte. Pero luego el administrador vino a contarme que las cuentas estaban vacías, que había gastado lo que no tenía y que nadie quería recibirme. Inútilmente me revolví y protesté, mis planes de éxito y salvaguarda no contaban con voluntarios ni fondos y los que antes corearon mi nombre empezaron a desaparecer».

El contagioso delirio paradisíaco de sonido eufónico y gran belleza literaria en el que se descubría que todo ser o personaje notable de la historia común no fue sino catalán de pura cepa, también ponía al descubierto la vida en el futuro perfecto. Ni desahucios, ni problemas o miserias, todo quedaría tras el muro que -ya lo dijo Trump- pagarían 'ellos'. Además, al trasfondo, allá donde países socios y responsables de la UE afirman que Cataluña no tendría continuidad en la Unión, doble nacionalidad (sic. Papeles reservados CCNI Independencia-Cat). El arriesgado, candoroso, escaso y simplón planteamiento, aún sin contestar en concreto, es ¿qué va a hacer la UE con un territorio secesionado que se erige en nuevo estado y cuyos nacionales son todos ciudadanos europeos ya que mantienen su nacionalidad española?

Si las Islas Gili (Indonesia) hipotéticamente se llenasen de ciudadanos europeos y la poblasen en su totalidad, aun convertida en estado independiente, sus nacionales mantendrían o no su naturaleza civil dependiendo de la posibilidad legal del reconocimiento de doble nacionalidad y como estatuto personal, pero las Islas no formarían parte de la UE.

Montenegro pidió adherirse a la UE en noviembre de 2005, ningún país miembro se ha opuesto a ello y aún aguarda en un complejo proceso. Kosovo quiere adherirse a la UE, pero el hecho de que varios estados miembros, que tendrían que ratificar su eventual acceso, no lo reconozcan como estado, convierte la aspiración hoy por hoy en algo inviable.

El campo minado de imposibilidades y gravísimas e insalvables carencias propias de capacidad impiden siquiera dibujar un horizonte ni mínimamente factible para la independencia de Cataluña. La creciente desafección por un 'procés' que nunca contó con mayoría cualificada (tampoco mayoría simple) hace cundir el desánimo en los cuarteles de los generales golpistas Puigdemont y Junqueras. El desaliño personal de los «últimos del Palau», observado en su reiteración recientemente, alumbra su falta de moral ante la batalla, en la que esperaban no abandonar en ningún momento el puesto de mando, evitando pisar las trincheras y los campos.

Sensibilidades, endogamias, manipulaciones de la historia, reconocimiento forzado de agravios, complejos de superioridad exhibidos y negados, desprecio profundo por el resto de los caricaturizados españoles... Demasiados ingredientes maltraídos, sintéticos e infundados. Demasiadas mentiras, tan insostenibles como todas ellas. No es posible edificar un sólido edificio nacional sobre el barro de la falsedad histórica, contable y argumental. No se gana al tenis sin raqueta ni el Tour sin bicicleta, aunque todo se pueda escribir. Al final todos habremos perdido el tiempo, Sánchez con su angostado ejercicio de la irresponsable 'Declaración de Barcelona', Colau con su ahora sí, ahora no... Y tantos espontáneos que quisieron actuar sin saberse la lección. España no se va a romper ni de hecho ni de derecho, pues ello no lo quieren los catalanes ni el resto de sus compatriotas. En octubre cerraremos una fase y a otra cosa, que le pregunten a Ibarretxe.

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