Decir las cosas

CITA EN EL SUR

Davidovich había ganado Wimbledon Junior horas antes, como Orantes

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Hablando se entiende alguna gente. El diálogo es bueno pero está algo sobrevalorado. Hay veces que tratamos de hablar para arreglar las cosas y tal vez bastaría con que nos callásemos. Dos no dialogan si uno no quiere. Con el diálogo pasa como con los referéndum, que ha de ser pactado. A menudo en las discusiones se cruzan dos monólogos y a gritos. Dios, no gritos (es el título de una novela de Agatha Christie, o casi). A la novela de Agatha Christie le cambiaron el título porque era incorrecto, no es que fueran nueve, u once, los negritos, sino que no debía usarse la palabra negritos en vano. Se sustituyó por un spoiler, que es como se dice ahora a lo de destripar un libro. La de Agatha Christie ha pasado a llamarse 'Y no quedó ninguno', que da un poco una pista de cuántos quedaron. Aunque lo importante no era cuántos iban a quedar sino quién demonios era el asesino. Los personajes lo hablaban pero no se aclaraban (lo digo por ir volviendo a lo del diálogo). Anteayer se reunieron en el Ayuntamiento el alcalde y la delegada de Educación para hablar sobre el ruido. El malagueño Davidovich acababa de ganar la final junior de Wimbledon (¿por qué no colocarán los británicos la 'l' en su sitio?), el base Alberto Díaz hacía su primer entrenamiento con la selección de baloncesto y había que arreglar el ruido en torno al deporte base malagueño. Algunos vecinos habían denunciado las molestias ocasionadas por los entrenamientos no sólo a deshoras sino a todas horas. Aguantamos demasiado poco, pero también hacemos demasiado ruido. Había que encontrar un equilibrio justo. Como cuando dialogamos, lo ideal es molestarnos poco y tratar de molestar menos todavía. Ha funcionado.

Como después de las 20 horas no se puede hacer ruido por entrenamientos, uno de los puntos del acuerdo consiste en que se pueda hacer ruido hasta las 22. Otro consiste en insonorizar al menos uno de los colegios afectados. No suena mal. Lo mejor sería que no sonase nada, pero tampoco esto es la Suiza de Federer, que para muchos se había acabado hace tiempo y, sin ruido, también ha ganado Wimbledon. Cada club debe tratar de concienciar a su afición para que controle la pasión, y cada vecino concienciarse de que esto es lo que hay, tío, si vamos a las bodas con pantalones pirata, si muchos adolescentes ya hacen a los 14 la o con un canuto. ¿Insonorizarán también las aspiradoras de Limasa que rugían ayer a las 8 de la mañana ante ese colegio?

De todo esto, lo más positivo es que un malagueño se llame Davidovich. Que el padre de un malagueño sea ruso y la madre sea sueca. Que haga deporte. Lo de los pelos tiesos es porque puede.

En Málaga se podría vivir todavía mucho mejor. Por ejemplo facilitando en todo lo posible la práctica del deporte base. O haciendo menos ruido hasta cuando no practicamos deporte. ¿Acaso pretendemos que todo el mundo se entere de lo que hacemos a cada momento? También viviríamos mejor diciendo las cosas, pero diciéndolas bien. Y sin gritos.

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