Dame veneno

En diagonal

ROSA BELMONTE

Palabras de Uma Thurman para Weinstein: «Me alegro de que esté ocurriendo lentamente, no te mereces ni una bala». Muchos habrían preferido que Hermann Göring, una vez condenado a muerte en Núremberg, no hubiera ingerido el veneno que lo mató instantáneamente. Y que lo hubieran ahorcado los verdugos Woods y Malta, que no calculaban bien la longitud de las sogas, lo que provocó largas agonías. Ayer la imagen se repitió. Pero esta vez la vimos. Slobodan Praljak, militar bosniocroata con aspecto de Santa Claus, fue condenado en el TPIY a 20 años por crímenes contra la humanidad y se bebió algo que llevaba encima. Más tarde, murió. Ayer vimos también en la tele a José Rabadán, el asesino de la catana. Aquí lo que ha ocurrido lentamente es la reinserción tras seis años de internamiento en un centro de menores y dos de libertad vigilada. Pero, claro, lo suyo no fueron crímenes contra la humanidad, sólo contra sus padres y su hermana.

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