La cultura financiera de los adolescentes según PISA

LA TRIBUNA

El papel de las competencias financieras en la vida de los ciudadanos contrasta ampliamente con su exigua o inexistente presencia en los diseños curriculares de la educación primaria y secundaria

JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZCATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

El pasado mes de mayo se hicieron públicos los resultados de las segundas pruebas sobre cultura financiera del programa de la OCDE conocido, por sus siglas en inglés, como PISA ('Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes'). Dada la importancia de dicho informe de alcance internacional, las conclusiones relativas a la posición de los estudiantes españoles han sido objeto de una gran atención. Al respecto pueden formularse una serie de consideraciones y observaciones:

1.-De entrada, la incorporación de la cultura financiera dentro de dicho programa, junto a materias tan esenciales como las matemáticas, la comprensión lectora y la ciencia, refleja el reconocimiento de la importancia de las competencias financieras para la vida de las personas y su consideración como una habilidad crítica en el siglo XXI, condicionante del bienestar social.

2.-Aun siendo importante, la educación financiera no puede ser sustitutiva ni de una adecuada normativa de protección de los usuarios ni de una supervisión financiera eficaz. Las tres son los pilares básicos de la estabilidad financiera.

3.-Hay que valorar positivamente que España sea uno de los pocos países que participan en dichas pruebas, junto a otros seis países de la Unión Europea (uno de ellos parcialmente), un número bastante inferior al que lo hace en relación con las otras materias evaluadas.

4.-Con una puntuación de 469, España se sitúa en el puesto 10.º de los 15 países y regiones participantes. La media de los 10 países pertenecientes a la OCDE es de 489. Según la metodología empleada, una diferencia de 75 puntos representa un nivel de conocimiento y puede considerarse como una gran diferencia en la actuación del estudiante. Esa es prácticamente la diferencia existente entre España y Bélgica (Flandes). La distancia con Holanda es de 40 puntos, mientras que es bastante inferior respecto a Estados Unidos, Polonia e Italia.

5.-La OCDE distingue entre cinco niveles de capacidad en el ámbito financiero. Un 25% de los estudiantes españoles están en el nivel inferior (o no lo alcanzan) y solo un 5,6% en el máximo. En comparación con la media de los 10 países de la OCDE participantes, la situación es parecida en el nivel 1 o inferior (22%), pero hay mayor divergencia en el nivel 5, en el que, en dicho promedio, se llega al 12%.

6.-Más de la mitad (52%) de los jóvenes de 15 años de edad son titulares de una cuenta bancaria y casi la mitad (48%) obtienen ingresos de trabajos ocasionales o a tiempo parcial.

7.-Por otro lado, se observa una 'brecha de género' positiva, ya que las chicas exhiben una mayor destreza que los chicos en asuntos financieros.

8.-Como se ha señalado, según la información difundida, un 25% de los estudiantes españoles no alcanzan el nivel básico en competencias financieras. Aunque se trata de un resultado claramente insatisfactorio, no puede olvidarse que, según el estudio internacional llevado a cabo por Standard&Poor's en colaboración con el Banco Mundial, para el conjunto de la población de cada país, un 51% de los españoles carecen de conocimientos financieros adecuados.

9.-A la hora de interpretar los resultados, no puede obviarse el alto grado de correlación existente entre las puntuaciones alcanzadas en matemáticas y comprensión lectora con la obtenida en cultura financiera, del orden de 0,75 (respecto a un máximo de 1) en uno y otro caso. De hecho, algunas de las preguntas incluidas en las pruebas pueden ser contestadas sin necesidad de tener conocimientos específicos en materia financiera. A título de ejemplo, en una de las cuestiones difundidas se pregunta por el motivo de la emisión de una factura en la que se indica expresamente lo ya pagado (0 zeds) y el total que se debe (175 zeds) (el zed es la moneda de Zedlandia, un país imaginario considerado).

10.-Es cierto, no obstante, que algo más de un 40% de la puntuación de cultura financiera es atribuido a factores exclusivos de educación financiera.

11.-En cualquier caso, los resultados difundidos no vienen sino a confirmar que queda mucho por hacer en el ámbito de la educación financiera. Para superar los retos existentes se hace preciso, en mi opinión, aunar y coordinar los esfuerzos de las iniciativas públicas y privadas.

12.-En este contexto, el cumplimiento de los diez puntos del Código de Buenas Prácticas para las iniciativas en Educación Financiera del Banco de España, la CNMV y el Ministerio de Economía y Competitividad cobra una importancia capital con vistas al avance efectivo de la cultura financiera. Algunas de las prescripciones del Código son particularmente relevantes, como las de imparcialidad, ausencia de connotaciones comerciales, veracidad, calidad, precisión, adecuado nivel de los docentes y evaluación de las iniciativas.

La OCDE sitúa en un primer plano las competencias financieras de los jóvenes como base sobre la que adoptar decisiones cruciales a lo largo de sus vidas, ya sea para evaluar un contrato de trabajo, adquirir o alquilar su primera vivienda, emprender un proyecto empresarial o gestionar sus ahorros pensando en el futuro. Sin embargo, el papel de las competencias financieras en la vida de los ciudadanos contrasta ampliamente con su exigua o inexistente presencia en los diseños curriculares de la educación primaria y secundaria.

Como ha resaltado Ángel Gurría, secretario general del referido organismo internacional, «la alfabetización financiera básica puede marcar una diferencia crucial en las vidas de las personas, en sus oportunidades, en su éxito. Es una piedra angular para el bienestar, para el emprendimiento, para la movilidad social, para el crecimiento inclusivo».

Si, como le ocurre a Alicia en el célebre episodio del cuento de Lewis Carroll, no se tiene muy claro adónde se pretende llegar, la ruta a seguir, como aconseja el gato de Cheshire, es indiferente. En cambio, en otros muchos casos, esa recomendación puede resultar nefasta. Los programas de educación financiera son necesarios, pero, a mi entender, tiene una gran trascendencia concretar previamente las siguientes cuestiones básicas: ¿qué, cómo, cuándo, dónde y por quién se enseña?

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