Cuidado con la letra

F. L. CHIVITE

El debate sobre las letras de las canciones está ahí: vamos a reflexionar un poco sobre este asunto. Por supuesto, nadie está a favor de prohibir las canciones de contenido sexual, creo yo. Ni mucho menos de atentar contra la libertad de expresión de los artistas (buenos, malos o regulares): al menos, eso espero. El contenido o la alusión sexual más o menos explícita en las canciones populares ha existido siempre. Y no solo en las canciones: también en la literatura, en la pintura, en el cine. De hecho, podría decirse que la historia del arte ha ido y va estrechamente unida a la historia de la sexualidad humana y su sublimación. Los artistas siempre están hablando del amor y el sexo, de un modo u otro. Y nos encanta. Nos interesa. Nos emociona. No sé si se puede vivir sin arte, pero desde luego no se puede vivir sin sexualidad, eso seguro. Ahora bien, algunas letras de canciones (como algunas obras literarias, películas, etc.) pueden considerarse pornográficas y portadoras de un sexismo tóxico y antieducativo, eso lo entiende todo el mundo. «Estoy enamorado de cuatro babys. Siempre me dan lo que quiero. Chingan cuando yo les digo. Ninguna me pone un pero», canta un tal Maluma. «Agárrala, pégala, azótala, sácala a bailar que va a por todas», canta Trébol clan. He elegido esos estribillos como podía haber elegido otros muchos. ¿Eso es porno? Francamente, no lo sé. Pero a mí no me gustaría que mi hijita de ocho años escuchara esa mierda. Por eso entiendo perfectamente la propuesta del Instituto Vasco de la Mujer. No solo eso: creo que es oportuna y que genera una discusión interesante y necesaria. Hasta donde yo sé, todo lo que han hecho es ofrecer una lista de canciones. Ni censuran, ni pretenden prohibir nada. Pero nos hacen pensar en algo que habitualmente obviamos y aceptamos de una manera inconsciente y pasiva. Vamos a ver, la industria de la pornografía (películas, DVDs, portales de internet, etc.), concentrada en su mayor parte en California, mueve unas cifras (en miles de millones de dólares) muy superiores a las de la industria del cine comercial de Hollywood. Solo en EE UU son ya 40 millones de personas los que se conectan diariamente a la red buscando imágenes de sexo explícito en alguna de las 300 millones de páginas web que ofrecen pornografía barata o gratuita. En España, no sé, pero me imagino que el porcentaje será similar. Eso no se puede censurar ni va a prohibirlo nadie, claro. Pero supongo que nadie estará en contra de que se limite de alguna manera el acceso de los menores. El tema de fondo es la educación. El tema es la lucha a favor de la igualdad. Y del respeto a una dignidad elemental. En todo caso, también la libertad de expresión tiene sus límites y uno de ellos es la apología explícita de la violencia.

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