Los cuatro de la baraja

La monarquía se blindó ya que «iba en el paquete» con la democracia

PEDRO MORENO BRENES

En 1952, el rey Faruk de Egipto tiene que salir por patas al ser derrocado y con la 'modestia' que caracteriza a los de su especie, se instala en la costa Azul, para seguir disfrutando del producto de toda una vida de esforzado reinado. Algo resentido estaba el hombre con los que mantenían la corona en 'servicio activo' y con ocasión de la boda de Rainiero con Grace soltó aquello de: «No me preocupa haber perdido el trono porque dentro de unos años en el mundo solo quedarán cinco reyes: los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra». La humanidad no ha tenido la suerte de ver cumplida tan saludable predicción (incluido el Reino Unido) y en la actualidad las monarquías hereditarias aún siguen ancladas en las estructuras constitucionales de numerosos estados.

Aterrizando en España, los escándalos conocidos (los desconocidos duermen el sueño de los justos) del actual Rey Emérito y su entorno son el resultado de un blindaje constitucional de la Corona, que junto a su propia existencia, incluye la irresponsabilidad del monarca prevista en el art. 56.3 CE (con una sensación de impunidad para su persona y entorno familiar, acompañada de una, hasta hace poco, cortesana protección mediática, social y política), así como la potestad de proponer un candidato a presidente del gobierno (art 99 CE), que en otras monarquías reside en el presidente del Congreso (Suecia) y que evitaría la tentación tan propia de esta dinastía en otros tiempos como es de la 'borbonear'. El problema es que, apartándose de nuestra tradición histórica y del propio anteproyecto constitucional, se incorporó en el texto de la CE un procedimiento 'agravado' para hacer más difícil la reforma de determinadas materias, y así (art 168) se pone al mismo nivel el derecho a la vida o la libertad de expresión con la regulación de la Corona en el Título II de la CE. Esto «iba en el paquete», no se podía votar por separado democracia y monarquía, y en esa etapa histórica, el pueblo español, sufridor del franquismo tan cercano en el tiempo, quería por encima de todo un Estado de Derecho homologable a los de su entorno. Pero nada es intocable, y menos el anacronismo que significa el mantenimiento de una forma política basada en la monarquía, en la que la Jefatura del Estado se determina por razones estrictamente genéticas, y con ausencia absoluta de legitimidad democrática en tan alta institución. En mi opinión, se puede reformar el art 168 por el procedimiento ordinario (tres quintos de cada una de las Cámaras o incluso el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado y el Congreso, por mayoría de dos tercios), eliminando el blindaje vigente, regular por ley a la Corona (más transparencia, delimitar mejor las funciones y endurecer las incompatibilidades) y abrir un debate en los sociedad española para lograr un consenso y las mayorías parlamentarias suficientes que permitan en un futuro la República en España.

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