El sitio de mi recreo

Crónicas de Tabarnia

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

La Cataluña nacionalista es un tratado de victimismo sin treinta y uno de diciembre. No acaba nunca. Los nacionalistas mantienen vivo el supuesto agravio que padecen con respecto al resto de españoles, para poder así seguir obteniendo un rédito político que les permita mantener los privilegios que de otra forma no podrían disfrutar. Sus postulados ya los conocemos porque hemos padecido durante muchos años también al nacionalismo vasco. Ambos han conseguido fracturar a la sociedad cuando han gobernado, al precio de radicalizar las posturas de los propios, dejando poco espacio al diferente, pero siempre manteniendo su rostro de víctima merecedora de toda la atención y privilegio.

Los nacionalismos en general parten siempre de una serie de supuestos agravios históricos que les conceden el derecho a defender su propia identidad en contra de la realidad que les violenta en el presente. En Europa hemos padecido demasiados conflictos con los nacionalismos, como para no estar vacunados de sus contradicciones y las construcciones falsas de sus relatos identitarios.

Un hecho que llama especialmente la atención entre los nacionalistas catalanes, es como su victimismo es inaccesible a la crítica. Revestidos por su bandera y protegidos por sus terminales mediáticas, la crítica sólo es entendida como ofensa a sus sentimientos y nunca como invitación a la reflexión.

Su construcción ideológica ha sido inmune al peso de la realidad, hasta que Tabarnia, esa hipotética nueva región nacida de la unión de la provincia de Tarragona y Barcelona, utilizó su mismo espejo mágico para preguntarle quien era la más guapa entre los catalanes. Tabarnia es la madrastra buena de la Blancanieves catalana. El cristal perfecto para que los secesionistas comprueben la magnitud de su insolidaridad y falso victimismo. Los mismos argumentos económicos, culturales, demográficos, étnicos, valen para defender, sin tocar apenas palabras, la escisión de Barcelona y Tarragona de una supuesta Cataluña independiente, y su reingreso en España como autonomía. Sus defensores prometen a sus mayores la seguridad en sus pensiones, el fin de las multas lingüísticas , la lucha contra el expolio de los políticos secesionistas, la reforma para que el voto rural no valga más que el urbano, así como el respeto a su identidad como españoles dentro de la Unión Europea. En las redes sociales hemos podido conocer estos días su nueva bandera, su censo de seis millones de personas, sus propuestas de futuro e incluso la fecha de un imaginado referéndum para escindirse de la Cataluña rural e interior: octubre de 2019.

Tabarnia es la Narnia catalana sin animales que hablan. Tierra tan bella merece un lema que no la desmerezca: «Hoc voluerunt» (ellos lo quisieron).

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