Cristina Agosto Cifuentes

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Cristina Cifuentes es la cigarra que la política vistió de hormiga. Su agosto en la oficina suena a chicharra con calor de por medio. A falta de posado de la Obregón, su verano sin vacaciones es el tema de conversación en las terrazas del foro. Las noches cuadradas de luna exagerada en Madrid dan para mucho. No es su mensaje para el currante con madrugones en julio, ni para el funcionario con catorce pagas y aire acondicionado, sino para los políticos que se pegan dos meses a la bartola. En la España en la terraza, no se han entendido sus palabras entre sindicalistas y periodistas en prácticas. Ha recibido todo tipo de críticas desde la banda de los que no debieran sentirse interpelados, porque bastante tienen con el sudor de su día a día como para filosofar sobre las vacaciones. El silencio ha sido la respuesta de los destinatarios de su canto chirriante y molesto.

Cristina es más Cifuentes en agosto porque sabe que pilla con el pie cambiado a los políticos propios y a los adversarios, con el billete de avión y móvil apagado. A los que han venido a regenerar lo público hay que buscarlos entre la arena de las playas eternas o el verde del anonimato en su pueblo, y así es poco creíble su propaganda. Su belleza rubia con cicatrices le ha enseñado a entender a los suyos. Para llegar lejos en política hay que ocuparse un momento de los ciudadanos, un mes de sus adversarios y un siglo de los propios. Sus días estivales en la oficina son un dardo envenenado para la alcaldesa Carmena, que hizo de política siendo jueza y que ahora no hace ni de una cosa ni otra; una novena por obligación para un Gabilondo dormido en los maitines; una mala portada para un Aguado pasado por agua por la señora Villacís con su melena 'Pantene', pero sobre todo es un misil en la línea de flotación de los 'sorayos', con dossier en mano y camisa de Scalper en el barco.

Muchos de los votantes populares encuentran en Cristina Cifuentes a su única esperanza, y eso hace que todo el real cuerpo de fontaneros de Moncloa se sientan inquietos y obligados a trabajar a destajo para cortarle su carrera política, ya que la señora vicepresidenta quiere heredar el poder que un día su jefe dejará. Cuando Rajoy deje de ser Mariano, Cristina Agosto Cifuentes querrá estar en la parrilla de salida bien posicionada. Para ser la mejor candidata a suceder a su jefe de filas tendrá que huir del perfil de Feijó, que Galicia se lo tragó tras la publicación de la fotografía con su amigo en el barco, y deberá mostrar a su mayor rival como la mano que meció la cuna en la peor de las legislaturas de los populares.

Cigarra, canta cigarra.

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