La crispación como diálogo

La crispación como diálogo

Evidentemente se trata de un proyecto complejo por su importante presencia en la ciudad, y estamos seguros que será necesario introducir correcciones que respondan al cumplimiento de este difícil proceso administrativo

JOSÉ SEGUÍ PÉREZ. ARQUITECTO

Parece que se ha implantado en nuestra cotidianidad una cierta necesidad de tener que recurrir a la crispación para fortalecer posturas ante la falta de cualquier otro recurso que no fuera la necesaria racionalidad del conocimiento de lo que se opina. Y en algunas ocasiones, teniendo que reclamar el respaldo de alguna entidad o institución para fortalecerse (o más bien protegerse) como parapeto ante la propia incapacidad de poder hacerlo exclusivamente en base a la legitimidad personal que le debería aportar su propio conocimiento. Valga como reciente ejemplo el caso del informe de Icomos sobre la Torre del Puerto, que curiosamente no se presenta dentro de los plazos legales de la consulta pública que solicitaba la Consejería de Medio Ambiente sino fuera del plazo, y motivada por la petición de la Plataforma Defendamos Nuestro Horizonte y otras asociaciones que están en contra del proyecto y cuyos argumentos son directamente utilizados supeditando los resultados del informe a las demandas de los encargantes del mismo, lo cual resulta ya en principio muy significativo por su sesgo de imparcialidad, que si bien está en su derecho de serlo ,tampoco debería tenerse en consideración su rigor, más allá de su toma de partido por una de las visiones: la de los contrarios a la Torre.

Aclarando que Icomos no es exactamente la UNESCO, sino una asociación civil no gubernamental que actúa como asesor externo a la propia UNESCO para promover los bienes del Patrimonio Cultural de la Humanidad, habría que aclarar que nuestra ciudad de Málaga no tiene ningún tipo de Declaración del Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO. Esta postura partidista se detecta en su propio análisis de la ciudad a la que dedica casi el 80% del informe, obviando su realidad urbana que está muy alejada de esa imagen bucólica de la Málaga fenicia, romana, musulmana, decimonónica... que nos intenta mostrar el informe. Respecto a la percepción visual se toma como referencia la cubierta de la Catedral, o la terraza del Hotel Málaga Palacio (de evidente difícil acceso ciudadano), las cuencas visuales del litoral en donde curiosamente se anulan las edificaciones existentes como intrusiones en la visión (léase Malagueta, Torre Equitativa o todos los frentes edificados de ambos litorales), no dejando de ser tendencioso que se hable de 'rascacielos' cuando una tipología arquitectónica con 35 plantas se denomina 'Torre' y jamás 'rascacielos', que necesitaría tener un mínimo de 150 metros de altura para ser considerada como tal. Ni tampoco haber consultado los muchos estudios existentes que hubieran clarificado sus dudas sobre el tráfico viario, la viabilidad económica, la geomorfología del suelo del dique de Levante, el estudio medioambiental, el tráfico de cruceros y su estación marítima, sus movilidades, los flujos peatonales que se generan con Muelle 1 y 2... Y más insólito referenciarse a los valores 'espirituales' de la Catedral en comparación con la Torre del Puerto promovida por una empresa turística, manifestando que este 'impacto simbólico' sería aún mayor que el visual o material..., cómo si 'el credo' (o la fe) pudiera también tener impacto!

Pero sorprende aún más que Icomos sólo haya actuado en Sevilla con su Torre Pelli o en Málaga con la Torre Puerto, y haya pasado silenciosamente sin oposición alguna en otras muchas Torres (y esta vez sí 'rascacielos') recientes en ciudades españolas que sí son Patrimonio de la Humanidad: Torre Agbar, Torre del Hotel Arts, Torre Mapfre, Torre Diagonal Zero, Torre Puig, Torre Sky..., todas en Barcelona; así como las cuatros Torres Business en Madrid; las de Iberdrola y BBVA en Bilbao; Meliá en Valencia ; Helicoidal en Gijón... y otras muchas más en toda la geografía española. Además de las actuaciones en altura en Europa como las recientes del puerto de Amberes, puerto de Rotterdam, las Torres de la City y de los Docklands en Londres, y cómo no en la sede de Icomos en París con la Torre Montparnasse, las Torres del Distrito de la Défense o la Torre Total... todas ellas con alturas muy superiores y referidas esta vez sí al Recinto Patrimonio de la Humanidad de París.

Sirva esta reflexión para ahondar aún más en este ya cansino debate actual sobre algunas de las diferentes intervenciones urbanas que se están produciendo en nuestra ciudad, tanto por quienes defienden una postura a favor o en contra de cada una de ellas, y sin que por ello unos tengan que ser especuladores y los otros desconocedores de la modernidad, pudiendo encontrar en ambas partes una base de confluencia sobre la cual poder superar esa crispación entendiendo que la ciudad es un espacio de 'consumo colectivo' que se rige por el buen gobierno de sus responsables políticos electos, la reivindicación ciudadana de todas y cada una de las asociaciones, entidades públicas y privadas, y de los ciudadanos libres que conformamos los casi ya 600.000 habitantes que vivimos en nuestra querida ciudad de Málaga. Evidentemente se trata de un proyecto complejo por su importante presencia en la ciudad, y estamos seguros que será necesario introducir correcciones que respondan al cumplimiento de este difícil proceso administrativo para completar las exigencias que se le demanden dentro de la legalidad vigente, pero mejor sería que estas consideraciones se pudieran hacer mejor desde el conocimiento racional de todos los aspectos de la propuesta que desde la crispación como único dialogo del debate colectivo.

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